DEBATE EN TORNO A SIRIA

¿Cómo evitar las guerras?: Luis Antonio Pereira Sánchez

De momento, Estados Unidos ha desistido de sus planes de una intervención limitada en Siria. La acción tiene como argumento principal el hecho de que Siria se ha pasado de la raya de lo tolerable por Estados Unidos con el uso de armas químicas, ampliamente prohibidas en el mundo (no así en Siria, que no forma parte de la Convención que las prohíbe), lo que mezclado con la presencia entre los rebeldes del frente Al-Nusra vinculado a Al-Qaeda, el enemigo declarado de Estados Unidos (EU), y los problemas de Siria e Israel, hacen del asunto un grave problema para los intereses estadounidenses en materia de seguridad y en la región.

Hoy, el mundo se debate entre la conveniencia o no de que EU intervenga en Siria. Sin embargo, pienso que el asunto se presta para una lección. Cuando un conflicto social deriva en uno de naturaleza armada, el asunto se ha ido de las manos. El combate frontal, que no es más que fuego contra fuego, el combate de la violencia con más violencia, demuestra ser siempre una opción arriesgada e impredecible.

Pero esta conclusión, no solo aplica para las guerras en el sentido clásico, ya sea internacional o interna (civil). También puede aplicar a la mal llamada guerra contra el narcotráfico, escenificada en México, y que ha costado la vida de miles de civiles, incluso a manos de las autoridades policiales acusadas de graves violaciones a los derechos humanos.

Igual que en los casos de las guerras de Afganistán e Irak, la reacción tardía y frontal no ha servido demasiado para enderezar la situación, sino que se ha mantenido el acoso de las fuerzas que atentan contra el orden y la seguridad. Sin embargo, como he dicho, esto no quiere decir que es preferible cruzarse de brazos a ver cómo el mundo se prende en llamas, sino que podemos aprender de ello.

Afortunadamente, la guerra sigue siendo una situación anormal en el desarrollo de las sociedades modernas, ya que el deseo de paz es un objetivo que alcanza a toda sociedad, lo cual aunado a los desastrosos efectos de la guerra, lleva a poner énfasis en un enfoque preventivo: ¿cómo evitamos las guerras?

La guerra por definición es un despliegue de la violencia, es decir, que tal acción involucra un reemplazo del derecho, por la fuerza bruta, es una vuelta al barbarismo. Visto así, solo la protección del Estado de derecho es la garantía para evitar estos conflictos. Precisamente, porque es en este marco social donde se logra en mejor medida la cohesión social y la integración de los diferentes grupos que forman parte del Estado. Solo en un estado de derecho, donde impere una cultura de paz, de transparencia y de igualdad, es donde se puede evitar el uso de la violencia como medio de legitimidad. Y justamente, estos elementos son los que han fallado en Siria y en México, con partidos que han acaparado el poder, el Baath desde 1963 y el PRI durante 60 años, estableciendo un sistema represivo y corrupto para cumplir con su tarea de perpetuación.

Es cierto que Estados Unidos utiliza el argumento de la democracia para librar estas guerras, sin embargo, esta misión corresponde a cada Estado, ya que su imposición por un agente externo (a la manera del Leviatán de Hobbes) usualmente resulta fracasada, por no conocer la realidad de cada país, pero además porque surgen suspicacias en cuanto a la selectividad en cuanto a tal herramienta (¿por qué también no se ha intervenido en Egipto, ante un cuadro semejante, donde mueren cientos de civiles?), abriendo heridas que difícilmente sanan, y para ejemplo véase la intervención de Estados Unidos en el golpe de Estado en Irán en 1953, considerado medio siglo después por el presidente George W. Bush como uno de los integrantes del “Eje del Mal”.

Para asegurar la existencia del estado de derecho se requieren instituciones políticas y judiciales transparentes y funcionales, evitando que la violencia se convierta en la herramienta que usen ya sea los delincuentes o los gobernantes para someter el desarrollo pleno de la vida de los ciudadanos, así como eliminando las fuerzas que financian y apoyan tal violencia (particularmente el dinero proveniente de actividades ilícitas). Si esta intervención no es eficiente y oportuna, tendremos mucho que lamentar.

De momento, solo queda esperar que la solución tomada para salir de la crisis sirva como punto de partida a la necesidad ineludible del compromiso de paz mundial: el desarme global de las armas de destrucción masiva, a fin de acabar con el predominio de la violencia como mecanismo de presión en la interacción de las naciones.

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