hoyporhoy_2014-04-12

Por Constitución el Tribunal Electoral existe para garantizar la libertad, honradez y eficacia del sufragio electoral. Por la salud de la democracia se requiere que sea autónomo, independiente y goce de la confianza ciudadana.

Por esa razón se estableció que los tres poderes del Estado –Ejecutivo, Legislativo y Judicial– nombran a sus magistrados de forma escalonada.

¿Cómo explicárselo a los que mueven los hilos del país desde el Palacio de las Garzas? Más claro no lo pudo decir en su reciente visita a Panamá la jefa de la Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos, Lourdes Flores: “hay que cuidar al árbitro de los intentos de minar su credibilidad”.

Ciertamente, podemos disentir de una u otra decisión de sus magistrados, pero atacar de manera sistemática la institución y a sus representantes porque no actúan de acuerdo con nuestros caprichos no solo es una falta de elemental cultura democrática, sino un primitivismo político que nos retrotrae a épocas de monarcas, zares y emperadores.

Señor Presidente, permita que el Tribunal Electoral haga su trabajo y ocúpese del suyo. Que la República no sea una ficción.

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