GOBIERNO

¿Los países tienen dueño?: Edgardo Lasso Valdés

Al observar el comportamiento propio de los políticos cuando alcanzan la dirección del Gobierno, me queda la sensación de que ellos consideran que el triunfo electoral es una entrega que los electores les hacen para que dispongan a su antojo de todos los bienes del Estado, durante los cinco años que dura su periodo de gobierno. Solo así se explica, por ejemplo, los sobrecostos que le aplican a muchas obras estatales o el poco importa ante la opinión de allegados o extraños respecto al desprestigio del país a causa de su mal comportamiento.

Me preocupa que los gobernantes no nos defiendan cuando las instituciones internacionales califican a Panamá como un “importante centro de lavado de dinero”. Es decir, un país corrupto que ayuda a los delincuentes locales y extranjeros a ocultar el dinero mal habido.

En todas las naciones del mundo hay personas deshonestas, incluso más en aquellas del denominado primer mundo. Igual que en todas partes hay abogados corruptos, banqueros deshonestos y autoridades judiciales con fama de vender fallos o de dictarlos amañados. Aceptar como cierto que las autoridades de ciertos países (en los que la deshonestidad es muy visible y dañina) nos califiquen como “delincuentes de la peor calaña”, es tener poca estima por el nuestro.

En Panamá, las entidades que operan a través del centro bancario trabajan con transferencias monetarias. Como no reciben dinero en efectivo, no tienen forma de saber si su procedencia es ilícita. Es por esa razón que se considera que un banco lava dinero si recibe grandes cantidades en efectivo. Pero cuando se utilizan las transferencias electrónicas se implica al banco en el lavado sin su consentimiento.

No obstante, es posible que haya banqueros que sí reconocen la procedencia ilícita, que participan en la red de lavadores y reciben en pago un porcentaje del monto, pero no todos saben su origen ilegal, siendo una de las funciones de estas entidades aceptar y enviar cientos de transferencias diarias, ya sea por transacciones personales o comerciales.

Los gobernantes de turno de cualquier país del mundo tienen la obligación de velar por los mejores intereses de los ciudadanos. No hacerlo es una negación del juramento de inicio del periodo gubernamental, cuando se comprometen a cumplir fielmente con la Constitución, las leyes y los reglamentos que rigen el país. Esto incluye a cada uno de los componentes del gobierno de turno.

No es cierto que si la cabeza de gobierno me ordena apadrinar un acto deshonesto, yo estoy fuera de toda responsabilidad, pues solo cumplo órdenes superiores. Si usted es honesto debe tener la valentía de desobedecer. Su prestigio vale mucho más que el salario que percibe. Aprendamos a respetarnos, para que los demás nos respeten.

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