RECORDERIS

Del tema como tema: Berna Calvit

Unos días antes de la tragedia que afecta a miles de hogares en varios puntos del país, había decidido que este escrito sería sobre el uso incorrecto de la palabra “tema” y algunas muletillas usadas y abusadas, especialmente en la radio y la televisión. ¡Una plaga! Pero en estos momentos de tanto dolor me sería imposible no comentar, más adelante, la relación hombre-naturaleza. La palabra “tema”, que el diccionario define como idea, asunto o materia de que trata algo, tiene otras acepciones pero ninguna es sinónimo de problema, dificultad o inconveniente. Es correcto decir “La lealtad es el tema central de la novela”, pero no lo es decir: “Hay que combatir el tema de la pobreza”. Más efectivo que combatir el tema sería combatir la pobreza, ¿no le parece? El ministro Ferrufino, al referirse a los problemas entre él y su diputado suplente, Luis Corbillón, dijo que guardó silencio “por el tema que soy ministro”; es claro que quiso decir, “por mi condición de ministro”. Y es que el abuso de las muletillas no discrimina; es mal que sufren todas las esferas sociales. No hay que ser académico de la lengua ni catedrático en el idioma español (no lo soy) para notar que hay palabras y expresiones que se pegan como “chingongo” (del inglés chewing gum) en suela de zapato. Las muletillas se cuelan repetidamente en las conversaciones pero son más notorias, como dije antes, en el lenguaje de los reporteros y periodistas de la radio y la televisión (ej. “Con el tema de las lluvias peligra el partido de esta noche”). Si me pagaran por anotar las veces que los periodistas, además de “tema”, dicen “específicamente”, “en lo que es”, “el vital líquido”, el “descomunal tranque”, o “la droga conocida como cocaína”, al final del día tendría resuelto “mi tema de la canasta básica familiar” que ya no es canasta sino cartuchito, y bien básico. Un ministro respondió al periodista que lo entrevistaba “sobre el tema del puente que se cayó”, que el “tema se va a resolver con un puente alocado”. A su debido tiempo sabremos cómo se solucionó “el tema del puente” con un puente tan peculiar.

En cambio con la palabra “vaina” no hay confusión ni error. Sin distinción de raza, sexo, credo o condición económica, es el comodín preferido de los panameños; consentido, imbatible y resistente al paso del tiempo, a diferencia de “tema”, no estorba porque siempre se acomoda para reemplazar objetos, asuntos o sentimientos. “Esta vaina me está matando” puede ser el zapato, un amor o la cuenta del agua. Su uso no es elegante pero tampoco grosero. Tiene, además, la ventaja de que la entonación complementa la vaina que se dice. “¡Deja esa vaina quieta! suena muy diferente cuando se dice “Qué vaina quererte tanto” o “Los políticas son una vaina”.

Me pareció una vaina increíble que, para evitar la merecida avalancha de críticas, algunos funcionarios dijeran que “el tema de las inundaciones no es el momento para buscar culpables, ni sacar ventaja política”. ¡Por el contrario! Estos son los momentos precisos para, además de mostrar solidaridad con los damnificados, recalcar que las inundaciones de tan dolorosas y costosas consecuencias, especialmente para los que menos tienen, los más desprotegidos por el sistema, son el resultado de una larga historia de complicidades entre funcionarios y empresarios corruptos y codiciosos, bien engrasada maquinaria de grandes beneficios para las partes. Agrava la situación la politiquería y la ineptitud en instituciones como Anam, Arap, los ministerios de Vivienda y (des) Ordenamiento Territorial, Obras Públicas, etc. Las condiciones estaban dadas para que sucediera lo que sucedió; la Anam es una institución desprestigiada por inepta y por aprobar algunos estudios de impacto ambiental de seriedad cuestionada; las construcciones no son sometidas a inspecciones rigurosas para garantizar su seguridad (Miviot, Mop, Seguridad del Cuerpo de Bomberos); para los traficantes en tierras y construcciones cada pulgada de terreno sirve sin que importe el daño que causen. Es infamia permitir (por razone$ conocida$) la destrucción de manglares; y es irresponsabilidad gravísima que pese a las advertencias de especialistas, y de las preocupaciones expresadas por usuarios del aeropuerto de Tocumen, se autorizaran construcciones que eliminan manglares en el área de Juan Díaz. Para los expertos, “Lo que suceda como consecuencia de las lluvias en Juan Díaz, en el aeropuerto internacional de Tocumen y otras áreas cerca del humedal, será un desastre provocado por este gobierno, y no natural”. (La Prensa 1/6/2012). Pero allí siguen, voraces como pirañas, desafiando las fuerzas de la naturaleza que siempre encuentra la manera de cobrarse los ultrajes. ¿Servirá este noviembre trágico para detener el desenfreno de las inmobiliarias, la complicidad del gobierno con los insaciables todopoderosos de la construcción? ¿Le ganará el lucro despiadado e inmoral al sentido común; a los estudios que demuestran que el desmejoramiento climático es causado, mayormente, por las agresiones del hombre contra la naturaleza? No fueron las “lluvias más severas que las propias de la temporada” como dicen los meteorólogos, las causantes de tanta desolación. Son los corruptos, los insensibles y los codiciosos, los responsables de una tragedia que no debió tener la dimensión que tuvo. “Los débiles tienen un arma: los errores de los que se creen fuertes”. Bidault, Georges, político francés. Es un deber recordárselos.

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