VIAJES PRESIDENCIALES

De vuelos y tuits: Berna Calvit

El presidente Ricardo Martinelli y yo no sufrimos de aerofobia; volar no nos asusta. Pero por lo mucho que viaja, pareciera que se siente más a gusto en el aire que en tierra.

A diferencia de los fructíferos viajes del presidente, los míos son puro corazón, sin provecho económico; adolezco de visión empresarial, por lo que a la fecha ninguno de mis viajes ha resultado en negocios para mí o el país; solo una vez, comiendo un caro e insípido raspa´o a orillas del río Potomac bajo un achicharrante sol, se me ocurrió que un puesto de ricos raspa´os a lo panameño (sirope, leche condensada, miel de caña, malteada) podría “pegar” bien; hasta llegué a imaginarme dueña de una franquicia llamada Panraspa´os. Supe recientemente que el raspa´o es excelente negocio en el aeropuerto de Tocumen donde, me dicen, el raspadero tiene un sueldo envidiable.

Las circunstancias en las que en octubre pasado Martinelli viajó a Alemania, Japón y Vietnam (con una crisis más que anunciada), me llevaron a un “safari” cibernético sobre viajes de mandatarios. Es sabido que los gobernantes deben viajar al extranjero como parte de sus funciones. Resultó rara avis Guillermo Endara (q.e.p.d.), el único presidente postinvasión al que volar no le hacía gracia; en sus años de presidente viajó 25 veces y solo cuando “no le quedaba de otra”.

Después de Endara, viajar ha sido actividad entusiasta de los subsiguientes presidentes (imposible olvidar el fastuoso viaje de Moscoso a Mónaco). Con 65 viajes en 39 meses Martinelli “deja tachuela” a sus antecesores; con 21 meses restantes es un fijo para el Libro Guinness de récords; y como puede gobernar tuiteando y chateando desde el extranjero.... El blog de Cambio Democrático (10/10/2012) dice que en dos años y medio de gestión Martinelli nunca ha cobrado un viático, ya que cada vez que viaja lo hace con sus recursos personales. ¿Será que no cobrar viáticos permite negocios personales en viajes oficiales, o no rendir cuentas? ¿Fue la razón para que en viaje a Alemania “a lo bajo, bajo” parara en Cerdeña con sus compañeros de viaje, Btesh, Francolini, el ex ministro Suárez y otros, invitados por los amigos Berlusconi y Lavítola. ¿Quién paga los cientos de miles de dólares de combustible para el avión; los gastos del séquito oficial y los “manzanillos”?

El 3/8/2010 Martinelli canceló el viaje para la toma de posesión de Piñera y dijo: “No voy a ir a Chile porque no quiero que se esté pensando que nada más quiero viajar; a mí no me gusta estar viajando”. En ocho meses había visitado 12 países y los medios le recordaron sus críticas a los viajes de Martín Torrijos.

En abril de 2012 el presidente Martinelli cancela viaje a México por el escándalo Finmeccanica/Lavitola; en junio de 2012 no viaja a la Cumbre de la Tierra en Río debido al zaperoco por los nombramientos de magistrados de la Sala Quinta y los polémicos proyectos para vender las acciones de las empresas eléctricas y de telefonía.

Otros presidentes cancelan por razones de mucho peso. Barack Obama canceló un viaje a Asia ante la posible aprobación de la reforma sanitaria que proponía; el presidente peruano Humala desistió de viajar a Venezuela y México por una persistente huelga lejos de Lima, en Cajamarca; Álvaro Colom, presidente guatemalteco, canceló viaje a Dominicana por la erupción del volcán Pacaya; Fernando Lugo, paraguayo, por una crisis política tras incidentes violentos en Curugualy, que causaron la muerte de seis policías y 11 campesinos; Lula, el brasileño, se quedó en tierra por inundaciones en el noroeste del país; Rodríguez Zapatero, el español, no fue a Noruega para poder mantener una reunión inaplazable sobre reformas económicas; la cancillera alemana, Angela Merkel, aplaza reunión con el primer ministro italiano, en Roma. Por razones así los gobernantes responsables optan por no viajar.

¿Qué era tan importante para que ni el evidente y firme rechazo a Ley 72 de los colonenses y de la ciudadanía en general impidiera que Martinelli viajara a Alemania; y que al regresar, con el rancho ardiendo, se marchara a Japón y Vietnam; y que ni los muertos y las revueltas lo hicieran acortar el viaje? ¿Fue porque le aseguraron que el negocio de la venta de tierras en la ZLC era “pan comido”? ¿Le garantizó el agorero Chello Gálvez, el que nos mandó a llorar al cementerio, que con sus obsecuentes colegas diputados aplanaba al pueblo?

Deben haber sido de mucho peso las razones para que tan devastadores acontecimientos no alteraran el itinerario del presidente. ¿Consideraba muestra de debilidad suspender el viaje? Mientras tanto, varios funcionarios de jerarquía “no daban pie con bola”; Frank De Lima parecía pollito huérfano; Fábrega andaba como dando palazos con los ojos vendados; Mulino, Burillo, Molinar y otros se sumergieron. Un confuso tuit presidencial complicó las cosas y puso a la gente en correderas. Quedó claro quién tiene control total del poder. El mensaje final en este último capítulo de trágicas consecuencias para Colón, que puso los muertos, y de alto costo para muchos es claro.

Demetrio Herrera Sevillano en su poema Tú siempre dices que sí escribió: ... “Aprende a decirle “no”/ aprende a decirle “no”/a lo que le dices “sí”/. Esta vez, Demetrio, el pueblo te hizo caso. Aprendió a decir “no”. Y que “no” es “no”.

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