CHILE. ESTUDIANTES protagonizAN JORNADAS HISTÓRICAS.

Jóvenes reclaman calidad

Los estudiantes chilenos protestan desde hace dos meses en las calles para pedir una mejor educación. Hasta ayer, 24 jóvenes estaban en huelga de hambre.
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El presidente Sebastián Piñera no está pasando el mejor de sus momentos.

Con apenas 17 meses al mando del país, el mandatario de derecha enfrenta descontento desde varios frentes, pese al magnífico 7% de crecimiento de la economía del país sureño y una tasa de desempleo de apenas el 7%.

Piñera ha tenido que enfrentar paros de los trabajadores del cobre, la principal industria chilena. Las protestas de los ecologistas, que se oponen a la construcción de la gigante hidroeléctrica de Hidroaysén. La frustración de los habitantes de la región del BíoBío, que temen un nuevo invierno en las casas temporales construidas por el Gobierno tras el terremoto.

Pero quienes han puesto en tres y dos a Piñera, han sido los integrantes de un sector de la población que en otros países de Latinoamérica tiende a ser minimizado, ignorado y subestimado: los jóvenes.

Miles de universitarios y de muchachos de secundaria realizan desde hace dos meses marchas y protestas multitudinarias para exigir cambios estructurales en el sistema de educación. ¿Qué es lo que quieren? Calidad y equidad.

Los jóvenes piden que el Estado aumente el aporte a la educación, que actualmente es de 4% del producto interno bruto del país y que, según la Unesco, debería ser del 7%.

Los dirigentes estudiantiles han explicado que el sistema educativo chileno trabaja bajo un esquema creado durante la dictadura de Augusto Pinochet, que redujo el aporte del Estado y dejó en manos del mercado los precios. Así, las únicas formas de estudiar de los más pobres son las becas o los préstamos, mientras los únicos que pueden acceder con facilidad a la educación universitaria son los que tienen recursos económicos.

“No estamos pidiendo unos pesos más ni unos pesos menos para la educación superior, sino una reforma mucho más sistémica y profunda”, declaró hace unos días la presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh), Camila Vallejo.

La reacción de la dirigente vino luego de que Piñera anunciara que inyectaría más recursos al sistema hasta el año 2014, medida que a los jóvenes les parece insuficiente.

La participación política de los jóvenes chilenos no es nueva. Fueron protagonistas en los años 30 del siglo XX, cuando junto a otros sectores sociales lograron el derrocamiento del presidente Carlos Ibáñez del Campo.

En los 60 lograron mayor participación en el gobierno de las universidades, y en los 70 y 80 fueron callados por Pinochet, aunque siguieron trabajando desde la clandestinidad.

Durante los 20 años de la Concertación, los jóvenes estuvieron bastante tranquilos, en parte –según explican los expertos– debido a la capacidad de diálogo de los gobiernos centroizquierdistas.

Pero ya durante la presidencia de Michelle Bachelet apareció la llamada “Revolución de los Pingüinos”: muchachos de secundaria que desde abril hasta junio de 2006 protestaron y lograron la derogación de la Ley Orgánica Constitucional de Educación.

Los jóvenes arguyeron que la ley carecía de legitimidad por haber sido aprobada durante la dictadura, pero además reclamaban una mejor calidad de la educación, la gratuidad de la prueba de selección universitaria y del transporte público, así como la desmunicipalización de las escuelas.

Los jóvenes que protestan ahora en 2011 insisten en estos dos últimos puntos y, hasta ahora, han logrado el apoyo de la sociedad chilena que ve justas sus reclamaciones y respalda las nuevas formas de protesta: correr alrededor del Palacio de La Moneda, clases en las calles, y hasta una gran fiesta de superhéroes cuando Piñera anunció la remoción de Joaquín Lavín de la cartera de Educación.

La combinación ´perfecta´

Camila Antonia Amaranta Vallejo tiene 22 años, es estudiante de geografía, milita en las Juventudes Comunistas de Chile y es la actual presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.

Desconocida hasta hace un par de semanas, Vallejo tiene ahora captada la atención de la sociedad chilena no solo por su capacidad intelectual y su defensa de los ideales estudiantiles, sino por el carisma, su don de palabra y hasta su “irresistible poder seductor”.

Algún fanático le escribió una canción y en una de las frases le dice: “Camila Vallejo, tu cuerpo candente, yo me rindo si fuera presidente”.

Aunque innegable su belleza, podría decirse que Vallejo es cauta. Durante sus intervenciones públicas, se cuida de la superficialidad y se concentra en los argumentos. Cuando removieron al ministro Joaquín Lavín, por ejemplo, dejó claro que aquello no era una victoria, porque las peticiones están pendientes.

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