INVESTIGACIÓN PARTE 4:LAVÍTOLA-MARTINELLI, HISTORIA DE COMPROMETEDORAS COMPLICIDADES

Lavítola, defensor de Martinelli

Valter Lavítola era para el Presidente de la República un huésped que tenía a su disposición sus helicópteros y su yate.

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Fuentes conocedoras del proceso que se le sigue al italiano Valter Lavítola, consultadas por este medio en Roma el mes pasado, sostienen que es posible que el italiano cambie una vez más su versión de los hechos que han dado lugar a su detención.

Las acusaciones en su contra son múltiples –ocho, para ser exactos– que incluyen, además de la de corrupción internacional por el supuesto pago se sobornos en Panamá, la compra de políticos italianos, chantaje, desvío ilegal de fondos al exterior, extorsión y un largo etcétera en Italia.

Tras alegar insistentemente su inocencia desde su arresto en abril de 2012 (por el supuesto pago de coimas a funcionarios panameños), ahora se dice que podría asumir la responsabilidad de lo ocurrido en Panamá, algo que no deja de tener sentido después de ver cómo cambia de versión al responder sus indagatorias.

ENVIDIABLES CONEXIONES

Las relaciones de Lavítola en Panamá, para ser extranjero, eran sorprendentes. Su nivel de influencia en el Gobierno dejó pasmados a los fiscales italianos, pues incluía al propio presidente, Ricardo Martinelli, su familia y ministros.

El propio testigo que declarará en el juicio contra Lavítola lo reconoce. Mauro Velocci dijo a La Prensa en Roma que, como persona, Lavítola no le gustaba, pero cuando se trataba de hacer lobby en las entrañas del Gobierno panameño, eso era otra cosa.

“Él estaba muy ligado –recordó– cualquier cosa que pasara, cualquier obstáculo. Esto era lo que me gustaba de este hombre [...]. Lavítola [resolvía] cualquier problema. Si alguien no me contestaba, él llamaba. Entonces, para mí era perfecto”.

Su estrecha relación con Martinelli le permitía a Lavítola abrir muchas puertas. Pero esa cercanía en nada se parece a la distancia que puso el Presidente cuando después del arresto del italiano describió a los medios su relación con él. Lo único que admitió el gobernante es que Lavítola había sido “persona instrumental” para la firma de un tratado de doble tributación con Italia y para obtener seis lanchas.

Las comisiones

Pero, como se verá, Lavítola era mucho más que un instrumento para firmar tratados. Hay que recordar que Lavítola pretendía cobrar una comisión de 25 millones de dólares por los contratos que Panamá firmó con Finmeccanica –por 250 millones de dólares–, dinero que supuestamente no le fue pagado porque estalló el escándalo en Italia y Panamá.

El Gobierno no ha respondido por qué no hubo rebajas en los contratos firmados con Finmeccanica –considerando que no se pagaron comisiones a Lavítola– ni ha respondido si acondicionar las patrulleras fue gratis.

El ´huésped´

“Yo, cuando iba a Panamá –relató Lavítola a los fiscales italianos– era prácticamente huésped del Presidente”.

Recordó, por ejemplo, que Martinelli “tiene un yate maravilloso y me lo ponía a disposición. Imagínese que un barco como ese, cuando sale, gasta como 800 dólares la hora de combustible”.

También disponía de los helicópteros particulares del Presidente para ir a un hotel propiedad de un tío del secretario privado del Presidente, Adolfo Chichi De Obarrio, ubicado en la isla San José, en el archipiélago de las Perlas. Es “una isla privada y súper exclusiva... Yo fui seis o siete veces...”.

Ello, sin contar que visitó “una finca lindísima” de Martinelli, y su “casa en la playa, también lindísima”.

Tan en confianza se sentía Lavítola, que se atrevió a pedirle a Martinelli que lo nombrara cónsul honorario de Panamá, petición con la que el Presidente estuvo de acuerdo. Solo que el canciller de entonces, Juan Carlos Varela, dilató su nombramiento hasta que la pretensión se diluyó por completo.

Fueron estas atenciones las que utilizó Lavítola para tratar de justificar por qué pagó de su bolsillo más de 35 mil dólares en una invitación que le hizo a Martinelli y varios acompañantes para pasar un fin de semana en Cerdeña (Italia), del 18 al 21 de agosto de 2011.

“A una persona que te brinda todas estas atenciones, yo creo que pagarle un viaje de 27 mil euros... [es poca cosa]”, justificaba.

Pero luego cambió su versión. En la misma declaración admitía que él pensaba “que los gastos de ese viaje me los iba a reembolsar Finmeccanica, pero no lo hizo”.

Y, ¿por qué Finmeccanica tendría que pagar este viaje?

Sin protección

La estrecha relación que mantenía Lavítola con Martinelli empezó a desvanecerse después de saberse que la justicia italiana ordenó su arresto en agosto de 2011.

Durante cuatro meses, Lavítola se ocultó en Panamá. Ni la divulgación de sus comprometedoras conversaciones telefónicas publicadas en Italia –y reportadas en Panamá– hicieron reaccionar al Gobierno.

Su protección estuvo garantizada hasta que cometió un error fatal que precipitó su desgracia ante Martinelli.

Con los graves problemas legales que tenía Lavítola y oculto en Panamá, el italiano accedió a reunirse con un reportero gráfico de su país que tras el encuentro divulgó fotografías de él en Panamá, justo cuando el Gobierno negaba saber su paradero.

Un sorprendido Martinelli, que estaba fuera de Panamá para ese entonces, llamó por teléfono a Lavítola.

Fue en diciembre de 2011, contó Lavítola a los fiscales, que Martinelli “me obligó a abandonar el país y me prohibió volver... “Por primera vez, muy emputado –narró– comenzó a insultarme, diciéndome que qué cosa estaba haciendo, que si había hablado con un periodista, [pero] yo le dije que no; que si había hablado con un fotógrafo, y le dije que sí”.

El Presidente me preguntó si me había dejado tomar fotografías “y yo le dije que no. En ese punto comenzó a insultarme de nuevo, diciéndome que yo era un idiota, un cretino, un hijo de puta, y yo también le respondí mandándolo al diablo. Después me arrepentí, lo volví a llamar, pero ya las relaciones se habían deteriorado”.

Martinelli volvió a llamarlo y le advirtió: “Valter, te tienes que ir´. ¿Cómo que me tengo que ir? –le respondió– ´Absolutamente sí, –me responde el Presidente– porque se está montando un escándalo y debes irte”.

Boquiabierto, Lavítola no tuvo alternativa. “Está bien, Ricardo, dame una semana para terminar de ver algunas cosas [...], pero ni siquiera me dio la semana. Al día siguiente me llamó y me ha dicho textualmente: ´Valter, mira que las cárceles de Panamá no son más bonitas que las de Italia´, textuales palabras... como si lo estuviera viendo. ´Coge el primer avión y vete´. Yo no logré coger el primer avión porque lo perdí, por el tráfico...”.

Su amigo, el secretario privado del Presidente, Adolfo De Obarrio, lo llamó poco después: “Valter, por favor, vete, porque Ricardo está hecho una furia”. Al día siguiente me fui [para Río de Janeiro, Brasil] y dos días después me prohibieron el ingreso a Panamá”.

Pese a ello, Lavítola entregó a principios de este año una declaración notariada a las autoridades italianas en las que, si bien se queja de Martinelli, lo defiende.

“Me di cuenta de que [Martinelli] era un hombre que no merecía el respeto y afecto que había sentido por él. Más que la amistad y el afecto, para él era más importante el poder y protegerse a sí mismo...”.

“Es evidente –añadió– que Martinelli me consideraba un enemigo suyo y de su país, de lo contrario jamás habría dictado una orden tan grave como la prohibición de entrar a Panamá. Esto no significa que voy a mentir para vengarme. Para mí, la coherencia es, sobre todo, el respeto a mí mismo, cosa que Martinelli evidentemente no tiene”.

Este medio envió cuestionarios al presidente, Ricardo Martinelli, y a Adolfo De Obarrio , pero no respondieron.

Los cambios de versión de Lavítola en esta historia son tan frecuentes como los de la familia Martinelli. Por ejemplo, en Panamá, el Presidente y Lavítola eran íntimos amigos, pero después Martinelli se aleja públicamente de él.

Lavítola dijo a los fiscales que él pagó un viaje al Presidente por las atenciones que este le brindaba en Panamá, y resulta que el italiano después admite que ese gasto se lo iba a cobrar a Finmeccanica.

El martes, la primera dama dijo que su hijo nada tenía que ver con el italiano, y resultó ser que eran muy amigos, según la grabación de su conversación divulgada esta semana.

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