carrera docente: la que menos innova y exige

Un sistema que les da cabida a los frustrados

El buen docente garantiza los mejores aprendizajes, pero el sistema educativo panameño no atrae a los mejores.

Durante su reciente visita a Panamá, María Eugenia Paniagua dijo algunas cosas que pusieron a pensar. Que, por ejemplo, los maestros de hoy “educan con técnicas para niños nacidos en los sesenta”, y que la profesión docente ha sido una de las menos innovadoras y exigentes.

Esto último, comentó, era fácilmente comprobable: “El aula es exactamente la misma que la de hace 100 años”. Si un maestro de hace un siglo diera clases hoy, tendría pocos problemas, comentó. Pero si un médico de hace un siglo intentara hoy hacer una operación, no sabría qué hacer en un salón de operaciones.

Paniagua, secretaria general de la Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana (CECC), estuvo en el país para participar del Foro Internacional Unidos por Panamá, en el que se analizaron las causas y consecuencias del desastre educativo latinoamericano. Si bien los temas fueron diversos, el de la calidad docente levantó murmullos entre el público por lo espinoso.

“El problema de fondo es la inclusión de los marginados”, agregó la experta de la CECC, refiriéndose al hecho de que el sistema –y el docente– pretende que todos los niños sean iguales (normales, muy atentos, sentaditos y quietos) cuando todos son distintos. “El que no encaja, lo desechamos”, aseguró.

lío docente en Panamá

En Panamá hay, desde hace tiempo, un debate entre la escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena y la Facultad de Educación de la Universidad de Panamá. En ambos sitios se forman docentes y cada quien dice hacerlo mejor.

Los primeros arguyen que el que estudia un bachillerato pedagógico lo hace por vocación; y los segundos, que la educación superior pedagógica es más completa.

Los primeros tienen más práctica profesional (ergo, mayor contacto con los niños), mientras los segundos ya superan la veintena de años cuando empiezan a hacer su práctica profesional.

“Yo reconozco cuando un estudiante viene de la Normal y cuando viene de la Universidad”, dijo en una entrevista la viceministra de Educación, Mirna de Crespo.

El estudiante de la Normal, explicó la funcionaria, ha querido ser maestro toda su vida, mientras que el de la Universidad “ha hecho la carrera [de Educación] porque lo rebotaron de una facultad a otra”.

En la Facultad de Educación lo niegan, por supuesto, aunque sí admiten que los requisitos para ingresar a la carrera son los mismos que para el resto de las facultades (un par de documentos y pruebas sicológicas y académicas. Además, el índice para ingresar a la Universidad de Panamá es cada vez más bajo). Dicho de otra forma, nada especial se le exige al que aspira enseñar.

El problema no es solo panameño, sin embargo. En el documento Estudio comparado sobre la formación y antecedentes académicos de los docentes en seis naciones del Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina (PREAL), se establece que, a pesar de que se trata de una carrera compleja, “la docencia ha sido caracterizada como una ocupación a la que es fácil ingresar... En Estados Unidos, la mayor parte de quienes desean ingresar a la docencia tiene amplia libertad para hacerlo: las personas escogen la profesión, no al revés”.

Falta de prestigio, facilidad de ingreso a la carrera y condiciones de trabajo poco favorables juegan en contra, es decir, la carrera no atrae a los mejores. La carencia de un perfil docente en muchos países empeora las cosas, porque las autoridades educativas, sencillamente, no han establecido qué clase de personal buscan.

En el caso de Panamá, hay otras variables que vale la pena mencionar. Tal como señaló Noemí Castillo, rectora de la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología (Ulacit), “en la profesión docente el techo es corto. No hay diferencia si enseño matemáticas, ciencias o inglés, y para aspirar a ser supervisor y director hay que recoger una cantidad de puntos” que no necesariamente miden las capacidades.

El salario es otro elemento desalentador.

Pese a que el docente trabaja con los hijos de todos, con quienes debe construir y hacer crecer los países, los salarios que reciben son realmente pobres.

Según el Censo de 2010, el 75% de las 80 mil 92 personas que se dedican a la enseñanza reciben sueldos de entre 250 y 799 dólares mensuales.

Como contraste: los datos de julio del Ministerio de Economía y Finanzas indican que la canasta básica de alimentos (en los distritos de Panamá y San Miguelito) cuesta 286.45 dólares mensuales, 5.53% más que en julio de 2010.

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