Sueños de un violinista en Roma

'El violín tiene la capacidad de rescatar vidas perdidas'

Una vez culmine sus estudios de violín en el Conservatorio Santa Cecilia en Roma, el panameño Juan Pablo Sanjur pretende abrir una escuela de música en el interior de Panamá.

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Juan Pablo Sanjur culminará sus estudios en noviembre próximo, en el Conservatorio de Santa Cecilia. Juan Pablo Sanjur culminará sus estudios en noviembre próximo, en el Conservatorio de Santa Cecilia.

Juan Pablo Sanjur culminará sus estudios en noviembre próximo, en el Conservatorio de Santa Cecilia.

Aprendió a tocar violín a los siete años, como parte de la tradición familiar en el interior del país. Aprendió a tocar violín a los siete años, como parte de la tradición familiar en el interior del país.

Aprendió a tocar violín a los siete años, como parte de la tradición familiar en el interior del país.

Juan Pablo Sanjur dice con orgullo que es un panameño del interior. Con 21 años, ha recibido una beca para perfeccionar sus estudios de violín en el Conservatorio de Santa Cecilia situado en Roma. Se trata del primer panameño en cursar un año en esta prestigiosa escuela, pero no el último.

El embajador de Panamá en Roma, Fernando Berguido, está ultimando los detalles de un convenio con el Conservatorio de Santa Cecilia que permitirá a tres jóvenes músicos panameños formarse en la capital italiana.

Tras 11 meses en Roma, este joven de sonrisa tímida y gesto afable volverá a Panamá en noviembre, donde quiere fundar una escuela de música para que otros jóvenes como él puedan estudiar música. Para Sanjur, el violín tiene la capacidad de “rescatar vidas perdidas”.

Esta periodista asistió a una de las pruebas finales del año académico. Juan Pablo se examina de música de cámara y ejecuta su violín con brío, interpretando un complejo y fascinante concierto compuesto por Johanes Brahms.

En ese mismo palco escénico, donde este joven panameño exhibe sus dotes ante la mirada atenta de sus profesores, han desfilado otros ilustres alumnos que hoy son músicos consagrados como Ennio Morricone, uno de los mejores compositores de música para películas, o el director de orquesta, Carlo María Giulini.

¿Qué es para ti la música?

La música es un lenguaje universal. Cuando llegué a Roma no sabía italiano, pero me comunicaba con la música. La música me ayudó a adaptarme a este país y a entender el italiano.

¿Cuál es tu compositor favorito?

Uno de mis compositores favoritos es Nikolái Andréyevich Rimski Kórsakov. Es ruso y además de poseer un oído absoluto, era capaz de asociar a cada sonido o nota musical un color determinado. Creó un código de notas que se traducían a colores, una auténtica sinestesia de correspondencia música-color. Él escuchaba una sinfonía y veía un cuadro.

¿Cuál fue tu primer contacto con la música?

Mi familia es del campo y crecí en el interior. Allí descubrí la música folclórica y las composiciones populares. Mi tío abuelo, al que nunca llegué a conocer, tocaba el violín. Mi madre me compró un violín porque quería que continuara con esa tradición familiar. Recuerdo mi primera clase de violín como algo traumático. Tenía siete años y estuve toda una hora aprendiendo a agarrar bien el arco del violín (ríe). De mayor aprendí que la posición es importantísima para no adquirir malas posturas con el violín.

¿Qué aprendiste de la música en Panamá?

En Panamá aprendí que la música es una forma de educación y una disciplina, pero sobre todo que tiene la capacidad de rescatar vidas perdidas. América Latina es una región llena de potencialidades, pero al mismo tiempo padece de graves problemas sociales y económicos. Gracias a mi pasión por la música, conocí a varios muchachos de la provincia de Colón, que vivían rodeados de un ambiente inseguro, en barrios peligrosos con pandillas. Ellos siempre decían que el violín los salvaba. Eso me marcó, creo firmemente que la música cambia vidas.

¿En qué ha cambiado tu relación con la música desde que estás en Italia?

En Italia la música está siempre presente de una forma u otra. En cambio, en Panamá yo estaba acostumbrado a tocar el violín solo en una sala, cuando tenía un concierto o preparándome para un examen. Aquí la música está ligada a la vida cotidiana, porque forma parte de la cultura misma del italiano y es una forma de ser del europeo en general.

¿Cómo te has adaptado a esta nueva sensibilidad?

Para mí fue difícil al principio, porque tenía la costumbre de prepararme mentalmente para tocar el violín, era un ejercicio reflexivo y ahora es simplemente abrir el estuche, colocarme el violín y disparar.

¿Qué echas en falta en la educación musical panameña?

En Panamá siempre encontré personas correctas que me instruyeron. Pero hay una diferencia de sensibilidades. La sociedad italiana conoce a sus compositores, los han estudiado y sobre todo los han escuchado. Creo que esa visión integrativa de la cultura musical panameña es necesaria.

¿Cómo te han acogido en el Conservatorio de Santa Cecilia?

Ha sido todo maravilloso. Llegué con un poco de retraso, cuando las clases ya habían comenzado para el resto, pero eso no importó: me buscaron un pianista y me incluyeron en la dinámica de la escuela sin problemas. Comencé interpretando un trío de Nino Rorta, después fue el turno de Stravinsky y terminé con Brahms.

¿Cuál es el ambiente en la escuela de música?

Siempre hay gente con disposición para ayudarte; es un ambiente muy juvenil e internacional. Conocí a chilenos, argentinos, colombianos, pero sobre todo hubo un español que me marcó. Se convirtió en mi mejor amigo, él me enseñó a sacar el violín y disparar. Nos encontramos los domingos, cenamos y después tocamos un concierto; es una forma de hacer amigos, tocar música y pasarlo bien.

¿Qué le dirías a un joven panameño que quiere ser músico?

En Panamá se tiende a pensar que la vida del músico es insegura y arriesgada. Si lo piensas, cualquier cosa es arriesgada, pero creo que la vida es tan corta que necesitamos ver si las cosas que nos apasionan salen o no salen; al menos, intentarlo. Es parte del reto, de la diversión de vivir. Somos un país que está creciendo en muchos ámbitos. La mejor forma de crecer es no esperar que alguien más lo haga, sino hacerlo nosotros mismos. Espero que seamos cada vez más los panameños que salgamos del país, los que arriesguemos e intentemos cambiar el país desde dentro.

¿Qué harás cuando regreses a Panamá?

Yo soy del interior, estoy orgulloso de serlo; mis abuelos me enseñaron a estar conectado con la tierra, pero la música está lejos de las periferias de Panamá. Por ello, voy a abrir una escuela de música en el interior, para que los chicos de provincia como yo tengan la oportunidad de estudiar música. En Panamá todo está siempre en la capital, todo concentrado y no quiero esperar a que sea una institución la que lleve la música al interior. Yo lo haré.

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