[INTOLERANCIA]

Demócratas y republicanos a la greña

El envenenamiento de la sociedad americana por las ideas políticas y culturales está alcanzando cotas tan peligrosas como ridículas.

Es triste ver cómo en los últimos tiempos se ha enrarecido el clima político en Estados Unidos, donde por ejemplo en el Congreso, el templo de la democracia, el palacio en el que se hacen las leyes, cuesta Dios y ayuda que en cualquier insignificancia se pongan de acuerdo republicanos y demócratas.

Y si entre los políticos esta actitud resulta lamentable, después de todo la controversia es parte consustancial de su actividad; peor es entre los miembros de la prensa, que en números ingentes se tiran los trastos a la cabeza, y hasta entre artistas, que se supone son personas de miras más amplias. Y por último entre la gente común, porque el mal se extiende. Así, el laureado Ben Affleck ha llegado a decir que le resultaría difícil apreciar una simple actuación de cualquier actor republicano y, probablemente, la tacharía de antemano: “Si yo sé que es republicano, una parte de mí me dice que esa persona no me gustaría personalmente, porque opinamos distinto”.

Es decir, no se puede concentrar en la actuación y juzgarla no ya porque lo conoció y sabe que es un pesado o discutieron o lo que sea, sino porque, por el simple hecho de ser republicano, si en el futuro lo conoce le caerá mal. Julia Roberts tiró del diccionario hace tiempo para soltar una necedad. La ya no tan pretty woman, aunque todavía, como prueba de que la polarización en Hollywood llega a extremos que rayan con lo absurdo pidió fijarse en que, en el mataburros, el término “republicano” lo colocan entre “reptil” y “repugnante”. Hombre, pudo haberse mordido la lengua considerando que la definición de “demócrata” aparece entre las de “demente” y “demonio”.

Supe también por Larry Elder que a María Conchita Alonso, que iba a interpretar una versión castellana de Diálogos de la vagina, el director del espectáculo le quitó el papel cuando se enteró que había aparecido en un anuncio del Tea Party. ¡Fuera, fuera! ¡Qué horror! ¡Intolerable! Vaya, casi como en Cuba.

Recientemente tuvimos el caso de Phil Roberston, de la Duck Dynasty, serie que el colectivo gay boicoteó porque el patriarca de la familia citó la Biblia. Lo mismo que cuando el fundador de los restaurantes Chick-Fil-A declaró, al ser preguntado, que el único matrimonio era entre un hombre y una mujer. ¡Oye, cómo vas a boicotear el pollo frito más rico del mundo!

Pues bueno, ahora son los antiabortistas quienes quieren arruinar la venta anual de las galleticas de las Girl Scouts porque apoyan para gobernadora de Texas a Wendy Davis. El envenenamiento de la sociedad americana por las ideas políticas y culturales está alcanzando cotas tan peligrosas como ridículas. Mejor se sosiegan los ánimos y se vuelve a los tiempos en que la tolerancia alimentaba la pujanza nacional.

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