Biodiversidad y riqueza genética de interés para la ciencia y el desarrollo

Científicos presentaron resultados de un proyecto para la aplicación del Protocolo de Nagoya en Panamá.

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Plantas y sus hongos endófitos, bacterias marinas, la piel de ciertas ranas y el pelaje de mamíferos como el perezoso, son fuente de compuestos que tienen actividad contra parásitos, bacterias y hongos causantes de enfermedades al ser humano, algunas incluso, contra el cáncer. Pueden ser útiles para crear nuevas drogas. Plantas y sus hongos endófitos, bacterias marinas, la piel de ciertas ranas y el pelaje de mamíferos como el perezoso, son fuente de compuestos que tienen actividad contra parásitos, bacterias y hongos causantes de enfermedades al ser humano, algunas incluso, contra el cáncer. Pueden ser útiles para crear nuevas drogas.

Plantas y sus hongos endófitos, bacterias marinas, la piel de ciertas ranas y el pelaje de mamíferos como el perezoso, son fuente de compuestos que tienen actividad contra parásitos, bacterias y hongos causantes de enfermedades al ser humano, algunas incluso, contra el cáncer. Pueden ser útiles para crear nuevas drogas. Foto por: Archivo

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La rica biodiversidad de Panamá, conformada por ecosistemas, animales, plantas, hongos, microorganismos y diversidad genética, es muy valiosa para la ciencia, la educación, la industria farmacéutica y agroquímica, y el desarrollo del país.

Esta semana se presentaron los resultados del proyecto del Ministerio de Ambiente, Programa de las Naciones Unidas (PNUD) y GEF 81860 “Promoción de la aplicación en Panamá del Protocolo de Nagoya sobre Acceso a Recursos Genéticos y participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de su utilización”.

El Protocolo de Nagoya está enmarcado en el Convenio de la Diversidad Biológica, del cual Panamá es signatario. Dotado con un millón de dólares, este proyecto comenzó en 2013 y en él participaron científicos del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (Indicasat AIP), el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y de la Universidad de Panamá (UP).

José De Gracia, del PNUD, destacó entre los logros el hallazgo en la naturaleza, de ocho compuestos muy activos, dos de ellos de interés para la industria farmacéutica, 16 publicaciones científicas, extractos probados en cáncer y enfermedades tropicales y bioensayos en agroquímicos. Respecto a la transferencia de tecnología, mencionó el banco microbiano y de cultivos instalado en Indicasat.

El Dr. Luis Cubilla, de la UP, y quien participó, además, en el programa Grupos Internacionales Cooperativos de la Biodiversidad (ICBG, por sus siglas en inglés), se refirió al impacto de este trabajo en la investigación, educación y desarrollo.

“Es complicado que se comprendan los pasos de la bioprospección. Llevamos abogados y técnicos a los laboratorios de varias instituciones y se les explicó sobre los permisos para obtener muestras. En 2015 visitamos más de 2 mil personas, principalmente estudiantes”.

Un caso especial fue la visita a Pixvae, a 40 km de Soná, en la provincia de Veraguas. Allí incentivaron a los alumnos en el estudio de la ciencia, irán a llevarles microscopios y materiales para química. También han trabajado en dos documentos: Animales marinos de Pixvae, de Ángel Vega, y Plantas comunes de Pixvae, de Rodolfo Flores. Se mejoró el sendero Santa Cruz en el PN Coiba y se elaboró una guía para visitantes.

La Dra. Carmenza Spadafora y el Dr. Marcelino Gutiérrez del Indicasat AIP hablaron sobre las muestras de bacterias obtenidas en el mar, el descubrimiento de compuestos químicos, la preparación de extractos y ensayos en laboratorio para ver si tienen efecto contra los parásitos que causan malaria, Chagas y leishmaniasis.

En un trabajo colaborativo con la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza, que recibió apoyo de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), se estudió la actividad del agua y del aceite de coco, así como de las hojas de la palma. El extracto de las hojas ha mostrado actividad contra el parásito de la malaria al hervirlo.

Para Spadafora, aunque tome de 15 a 20 años en promedio desarrollar una medicina, el proceso en sí es un beneficio para el país.

La coibamida A, una sustancia aislada de una cianobacteria marina colectada en el Parque Nacional Coiba, en el Pacífico panameño, está siendo estudiada desde hace una década. En Estados Unidos se ha encontrado que tiene actividad contra varios tipos de cáncer, entre ellos el de mama, renal, de próstata, cerebro y colon.

La industria farmacéutica invierte unos 300 mil millones de dólares anuales. Una parte de esa inversión podría venir al país para apoyar el descubrimiento de drogas, sostiene Spadafora. Esto se traduce en infraestructura, pago de salarios, e incluso se puede acceder a fondos de otros gobiernos de primer mundo.

“Las naciones ricas en biodiversidad podrían usar estos fondos para el descubrimiento de drogas en sus propios países. La industria solo gasta un 1% en enfermedades desatendidas. Es nuestra responsabilidad combatir las enfermedades desatendidas de nuestros países. Pero todavía Senacyt no ha dado un apoyo grande para el descubrimiento de drogas. El desarrollo del recurso humano es lo que realmente nos hará independientes”.

Un paso a seguir para implementar el Protocolo de Nagoya será participar en un proyecto de 25 países, con 350 mil dólares, por tres años. Entre otras cosas, se quiere fortalecer las capacidades de los pueblos indígenas en estos temas, dijo Darío Luque, del Ministerio de Ambiente.

OTROS DATOS

COMPROMISOS

Panamá firmó la Convención sobre Diversidad Biológica el 13 de junio de 1992 y la ratificó el 17 de enero de 1995. Suscribió el Protocolo de Nagoya el 3 de mayo de 2011.

RESULTADOS.

Unos 8 compuestos activos, la formación de científicos y técnicos nacionales, mejoras en infraestructura y la identificación de nuevas especies son algunos de los resultados del proyecto PNUD-GEF 81860.

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