El valor de ser un ´shriner´

Miembros del colectivo Abou Saad Shriners abren la puerta de su templo para dar a conocer su misión en la sociedad.
Ana Correa, una de las beneficiadas del programa de Abou Saad Shriners en 2008. Ana Correa, una de las beneficiadas del programa de Abou Saad Shriners en 2008.
Ana Correa, una de las beneficiadas del programa de Abou Saad Shriners en 2008.

En la masonería general, una de las virtudes que debe poseer cada miembro es la discreción.

En mayo pasado, Rubén Hepburn se inició como shriner del Abou Saad. Describe la experiencia como “interesante y con muchas enseñanzas”.

¿Cómo es la iniciación de un ´shriner´?

Jaime Zelaya (JZ): La experiencia nos dice que los niños discapacitados son vejados física y psicológicamente. En nuestra organización, el 100% de los niños que tratamos son discapacitados y quemados, rechazados por otros niños y objetos de burla. La única forma en que nosotros podemos conseguir que un miembro se incorpore es que, de alguna manera, se sienta como uno de esos niños. De eso se trata la iniciación. Es hacer sentir al noble como se siente un niño discriminado.

¿Cómo es ser un masón en tiempos modernos?

Rubén Hepburn: Lo que he podido interpretar sobre aquellos tiempos de masonería es que ahora son batallas diferentes. En aquellos tiempos eran independencias. Las batallas de ahora son contra la discriminación infantil por discapacidad, y las estamos peleando de la misma manera, secretamente. Los tiempos han cambiado y nosotros también, pero siempre batallando por una mejor sociedad.

¿Qué representa ser un ´shriner´?

Gonzalo González (GG): debe poseer esa vocación de servicio. Que mi granito de arena cambie la vida de una persona. Es sentir ese amor por el ser humano y desprendimiento. Aunque no se ponga dinero, se pone tiempo, esperanza y voluntad, buscando una sociedad mejor y más incluyente, porque esta es muy cruel.

¿Y cómo es una asamblea de shriners?

AT: Consiste en reunirnos, pasarla bien y, finalmente, conseguir fondos para los niños y ver los autos que manejaremos en el desfile que realiza la Alcaldía, algo en lo que nos hemos dedicado los últimos sábados.

PROCESO

Jaime Zelaya afirma tener 52 viajes programados hasta marzo de 2015 al Shriners Hospital for Children de Shreveport, Louisiana, Estados Unidos (EU).

“El hospital nos dice cuántos niños puede atender en una determinada fecha o cuándo es necesaria una cirugía”, agrega Alberto Thompson, potentado del colectivo. “Deben ir con un adulto responsable. Antes uno de nosotros podía ir con los niños, pero ahora uno de sus padres debe ir con ellos, porque está comprobado que la recuperación es mucho mas rápida”.

¿Cómo se enteran de las historias?

Alberto Thompson (AT): Los niños quemados son referidos por el Hospital del Niño y los casos de ortopedia, por algún familiar que nos conoce. Los médicos del Shriners Hospitals for Children vienen una vez al año, evalúan los casos y consideran si pueden mejorar su calidad de vida al agregarlos al programa. La única condición que ponen los médicos para aceptar a un niño es que pueda regresar a Panamá mejor de como se fue a su tratamiento a EU.

¿Cuáles son los casos que más les han impactado?

GG: Cuando hay niños que vienen de las comarcas, que no solo nunca se han montado en un avión, sino que tampoco habían venido a la capital.

¿Cómo es la búsqueda de fondos?

AT: El Club Activo 20-30 nos ayuda mucho. Delta Airlines, por su parte, nos ayuda con una mejor tarifa para los niños. También realizamos actividades una vez al año, además del aporte de los donantes privados.

¿Cómo mantienen la comunicación con los niños una vez recuperados?

JZ: Tengo una base de datos que mantengo actualizada, ya que realizamos una fiesta anual a todos los niños que están y han estado en el programa.

Mileyka, un caso inolvidable

Uno de los casos emblemáticos de este colectivo es el de Mileyka Majore Mosquera.

Esta niña, quien nació en marzo de 2012 en la comarca Emberá, vino al mundo solamente con una pierna.

“Mileyka viajó a nuestro hospital de Shreveport el 21 de marzo de este año y vino caminando con su prótesis el 19 de abril”, relata el shriner Jaime Zelaya.

“Como no tiene brazos, le hicieron una andadera especial con unos arnés”, agrega.

Afirma que, desde el regreso de la pequeña al país, no han tenido mayor contacto con ella ni con sus padres, entre otras causas, por las largas distancias geográficas que los separa. “Dar seguimiento a su caso es complicado. Hemos tratado de convencer a la familia para que venga a vivir en Panamá. Sin embargo, los padres de Mileyka tienen otros cuatro hijos y viene otro en camino”, plantea.

Alicia Mon Chambers

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