REPECHAJE ASIA-CONCACAF

Australia empata y gana en avanzada

El equipo australiano movió toda su maquinaria de avanzada para el partido de vuelta, mañana, miércoles, a las 4:00 a.m., hora de Panamá.

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Plantel de Australia que sacó un empate sin goles a domicilio en Honduras. Plantel de Australia que sacó un empate sin goles a domicilio en Honduras.
Plantel de Australia que sacó un empate sin goles a domicilio en Honduras. Johan Ordoñez

La hora no pareció haber afectado a Australia en su partido de ida del pasado viernes, que terminó empatado sin goles contra Honduras, en San Pedro Sula, en el repechaje entre el representante de Asia y el de Concacaf por un cupo al Mundial de Rusia 2018.

Muy bien los australianos pudieron haber ganado, en un partido donde exhibieron mejor fútbol, dinámico, frontal, con ocasiones de gol. Al final, después del empate, pareciera que todo está servido para que en Sydney el equipo que juega para la confederación de Asia se lleve el cupo para el Mundial ruso.

Australia hizo su negocio deportivo en San Pedro Sula, pero el económico lo hizo después para su viaje de vuelta a Sydney, con una avanzada de primer mundo donde se ve una marcada diferencia entre la clase rica y la modesta.

El periodista Juan L. Cudeiro del diario El País de España publicó una nota sobre la avanzada de Australia a su patria, que basada en experiencias pasadas, no deja ningún detalle suelto con tal de tener una ventaja en las 17 horas de regreso.

“De vuelta de su experiencia centroamericana, Australia arribó a Sydney a las 12 de la mañana del domingo, hora local. En ese momento, sus rivales comenzaban a gestionar un tortuoso desplazamiento desde un hotel californiano hasta el aeropuerto de Los Ángeles para subirse a un vuelo con una duración prevista de 17 horas”, escribió el diario español.

El operativo de vuelta del seleccionado australiano fue un alarde propio de escapistas del primer mundo, dice El País.

“El pitido final del partido de San Pedro Sula se produjo poco antes de las seis de la tarde, hora centroamericana. Setenta minutos después ya estaban expedición y valijas en el autobús camino al aeropuerto local, donde esperaba un Airbus 330 con los motores en marcha. Tres cuartos de hora tardaron en estar al pie del avión, así que el vuelo QF6032 fletado por la compañía Qantas a instancias de los federativos australianos partió con 60 pasajeros y 12 miembros de la tripulación cuando apenas habían transcurrido poco más de tres horas después de la finalización del partido.

Si alguien llegara a acceder a él mientras sobrevolaba el Pacífico, es posible que lo hubiera confundido con un platillo volante. Las 300 butacas originales de la nave habían desaparecido para configurar la nave con asientos que podían convertirse en cómodos lechos. En la parte trasera del avión se montaron camillas por las que pasaron todos los futbolistas para recibir las atenciones de los fisioterapeutas. Bolsas de hielo, prendas comprensivas y un menú conformado por nutricionistas formaron parte de la estrategia de recuperación tras el esfuerzo pergeñado por los médicos australianos.

Dice el reportaje que el viaje estaba diseñado con una escala en Honolulu, en Hawái, donde los futbolistas no disfrutaron de la proverbial hospitalidad local, pero dispusieron de una amplia sala en la terminal del aeropuerto para realizar paseos y una tabla de estiramientos bajo la tutela de varios preparadores físicos y readaptadores. El trayecto desde San Pedro Sula había durado nueve horas, algo más de lo previsto, porque el volcán mexicano Popocatépetl lanzó más ceniza de lo aconsejable durante las últimas horas y obligó a un pequeño rodeo.

Aaron Mooy, futbolista australiano, con unas gafas anti ‘jet lag’, durante el desplazamiento entre San Pedro Sula y Sydney. CORTESÍA Expandir Imagen
Aaron Mooy, futbolista australiano, con unas gafas anti ‘jet lag’, durante el desplazamiento entre San Pedro Sula y Sydney. CORTESÍA

Durante ese tiempo la temperatura del avión se programó a 24 grados centígrados y brillaron sus luces interiores. El objetivo era que los futbolistas no se durmiesen para poder así paliar en lo posible los efectos del jet lag. La diferencia entre San Pedro Sula y Sydney es de 17 horas. Cuando amanece en Honduras ya están pasando la hoja del calendario de ese día en Australia.

Dice El País, que la actividad a bordo del QF6032 fue desde el visionado de películas o las timbas de póquer al empleo de gafas re-timer, diseñadas para aplicar un leve haz de luz sobre los ojos, favorecer el descanso, minimizar la fatiga e impedir el sueño, un ingenio desarrollado en el país oceánico, según explican sus creadores ‘para que los humanos puedan manejar el reloj interno’. Ya sin ayuda de la tecnología, los australianos suelen tener experiencia en esas lides.

“Nosotros estamos acostumbrados a larguísimos viajes porque forman parte de nuestra vida. No sé si los futbolistas hondureños lo están tanto”, reflexiona el centrocampista Mile Jedinak, que juega en el Aston Villa inglés.

“La escala hawaiana abrió un nuevo plan. Eran las cuatro de la madrugada hora de Sydney cuando los futbolistas regresaron a los cielos. La temperatura del avión bajó entonces en 6 grados, hasta los 18, se atenuaron las luces y cambiaron las gafas por unas con lentes naranja que, según los expertos australianos, invitan a Morfeo. Algo menos de 10 horas después se abrían las puertas del avión en Sydney. Eran las 12 de la mañana del domingo en la ciudad más poblada de Australia y a 12 mil kilómetros los futbolistas catrachos acababan de finalizar un entrenamiento en Los Ángeles.

La Federación Hondureña de Fútbol sondeó la posibilidad de contratar un vuelo privado que les desplazase a Oceanía. La FIFA les comunicó que a cada una de las selecciones que iban a disputar las repescas intercontinentales (Perú y Nueva Zelanda se cruzan en otra eliminatoria) les iba a ayudar con 150 mil euros (175 mil dólares). Australia ha pagado algo más de un millón de euros por el desplazamiento (más de 1 millón 167 mil de dólares).

Honduras voló en la madrugada después del partido hasta Los Ángeles en un vuelo privado, sin mayores comodidades que la posibilidad de salir en un horario personalizado.

En California pasó el equipo todo el sábado a la espera de tomar un vuelo comercial a Australia que partía en horario nocturno, reservaron unas habitaciones en un hotel para descansar unas horas, un campo de entrenamiento para soltar las piernas y en la madrugada del domingo emprendieron un periplo de 16 horas en el que se fue al limbo un día.

Al contrario que Phileas Fogg en la imaginación de Julio Verne, Honduras no ganó un día sino que lo perdió al viajar hacia el oeste. Llegaron a Sydney poco antes de las nueve de la mañana del lunes, en horario local, casi 24 horas después que su rival.

Mañana en Sydney, Honduras tendrá la última palabra. Si pueden echar por tierra todo el tiempo que ganaron los australianos.

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