Jornada Comercial

La crónica de un ´viernes muy negro´

Miles se volcaron en la primera jornada de ofertas de la temporada, buscando con avidez calmar su sed de gasto.
Miles de personas llegaron ayer a los principales centros comerciales del país, ansiosos por aprovechar al máximo las ofertas anunciadas. En algunos centros las rebajas permanecerán todo el fin de semana. LA PRENSA/Ana Renteria. Miles de personas llegaron ayer a los principales centros comerciales del país, ansiosos por aprovechar al máximo las ofertas anunciadas. En algunos centros las rebajas permanecerán todo el fin de semana. LA PRENSA/Ana Renteria.
Miles de personas llegaron ayer a los principales centros comerciales del país, ansiosos por aprovechar al máximo las ofertas anunciadas. En algunos centros las rebajas permanecerán todo el fin de semana. LA PRENSA/Ana Renteria.

“¿Qué ocurriría si hasta el último de los supervivientes [de un holocausto zombi] renaciera en uno de estos lívidos autómatas? Esa es la lógica del capitalismo: absorción de códigos, filtrado, centralización”.

La cita en cuestión, que será atribuida como es debido en las próximas líneas, sirve para retratar un poco la conducta de quienes participaron en el mayor evento comercial de la más importante temporada de ventas del año: ´El viernes negro´.

No salía la primera luz del día y en el Mall Multiplaza Pacific, más de medio centenar de mujeres, por debajo de los 30 años, quería tener para toda su vida 21 años de edad. Apiladas ante la cortina metálica de la cadena de tiendas estadounidense Forever 21 las jóvenes contaban los minutos que restaban para que a las 6:00 a.m. se desplegaran por todo el comercio, como un virus cuando le gana la batalla al antibiótico.

No era tiempo para pensar en el desayuno, o para reconocer que actuaban como muertas en vida tras el madrugonazo. Era tiempo para discutir la prenda añorada que iban a adquirir en cuestión de minutos.

Jorge Fernández Gonzalo, doctor en Filología Hispánica de la Universidad Complutense de Madrid, fue quien comparó con zombis, la conducta no solo de estas chicas, sino de centenas de personas, que desde horas muy tempranas y en puntos estratégicos del mall, realmente lo que añoraban era un café o tal vez estar todavía en la cama.

Cada uno escogía a su “comida” predilecta: un televisor, una consola de videojuego, una tableta, un dispositivo; todos, aparatos (más) inteligentes.

“El capitalismo funciona como la pandemia zombi, es el pensamiento de la horda: cubrir todo, arrasar todo. No guardes un cadáver en la despensa, unos pocos sesos en la alacena, hay que comerse aquello que pase por delante. Como en las películas del género, no hay escapatoria, nunca hay final feliz, no se resuelve la pandemia. A lo sumo algunos logran huir, pero su destino es una ciudad aún más sumida en el holocausto”.

Filosofía zombi [Anagrama; Barcelona 2011] es la obra en la que el filólogo español ventila con metáforas lo que legendarios directores de cine pensaban de la sociedad de consumo cuando filmaban títulos de culto, de espanto y brinco.

“No hay un líder de la manada: el movimiento de un solo zombi hacia su presa alerta el movimiento a todos los demás”.

En Panafoto de Multiplaza la panorámica asemejaba a los recientes saqueos de una tienda por departamentos en Venezuela: hasta medio millar de personas se apilaban dentro y fuera del especialista en electrónica. Tras horas de interminable espera para entrar, era imposible dar con el final de la obligada cola para comprar.

“Yo pensé que iba a ser la única loca”, le comentó una chica a un amigo que se encontró con la misma actitud de asombro entre el centenar de personas que se despertaron ayer con la misma necesidad.

Los dependientes, aterrorizados, tampoco superaban su sorpresa ni el lamento por tener que trabajar 18 horas, para cumplir con la promesa patronal de cerrar a medianoche, cuando los muertos vivientes son aún más activos. “¿Y cómo aguantas?”, le preguntaron a una chica en el mostrador de una cafetería que ofrecía desayunos a los trasnochados. “Pues, con café”, dijo escuetamente mientras atendía a tres personas a la vez.

En otros establecimientos, igual de acelerados, los propietarios asumían, por una vez, la compleja tarea de atender a clientes ávidos de ofertas de estreno.

Su mejor estimulante, el sonido ininterrumpido de la caja registradora.

“En lo que va del día ya he superado las ventas de unos tres días”, confesó el coordinador de una tienda de celulares que no tenía muchos descuentos, pero que igual contaba a sus clientes por docenas, atraídos por las agresivas ofertas de las tiendas vecinas. Black Friday!

Todavía no eran las 9:00 a.m. cuando compartió el motivo de su sonrisa.

Y es que todo es parte de una enorme maquinaria sumamente bien aceitada: “Las modernas gestiones publicitarias [que] han configurado complejos lenguajes y un nuevo eslogan con el que afianzar su existencia: crear la necesidad”, escribió Fernández Gonzalo en el mentado libro.

Y con esto, el tuit del Presidente (“no se lo pierda”), los canales de televisión y su cobertura del evento desde una semana antes y las instituciones bancarias con sus cómodos paquetes crediticios sin papeleo, ansiosos por movilizar la mayor cantidad posible de las 687 mil tarjetas de crédito activas hasta octubre de este año, según datos de la Asociación Panameña de Crédito (APC).

También participaron las agencias de viaje, que ofrecieron tentadores paquetes turísticos con vuelos directos a Tocumen y traslados a hoteles bien posicionados cerca de algún mall. Amaneciendo el día de ayer, 45 buses habían pasado por Paso Canoas, procedentes de Costa Rica... y más allá.

El sociólogo Bolívar Franco comparó la respuesta social a esta megaventa con la celebración de la noche de brujas: “es el resultado de políticas educativas equivocadas, de desprecio hacia nuestra identidad. Solo hay que ver el incidente reciente en el que funcionarios borran el mural en honor a los mártires del 9 de enero”.

De vuelta a la atestada tienda de artefactos electrónicos que dejamos atrás, un comprador abandonaba orgulloso el local, tras cuatro horas de espera, con un televisor plasma de 40 pulgadas, $200 más barato, cual codiciado trofeo que a la vista de todos parecía la desmayada fanática de un concierto de rock elevada por las manos de todos, buscando un respiro.

Números negros... y rojos

337

Turistas habían pasado por Paso Canoas durante la mañana de ayer, provenientes de Costa Rica.

$859

Es el precio de un paquete turístico desde Guayaquil, Ecuador, para venir a comprar en Panamá.

687 mil

Tarjetas de crédito estaban activas en octubre pasado, de acuerdo a la APC.

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