EQUILIBRIO MENTAL

Aprender de la derrota: Giselle de la Hoz

Una vez celebradas las elecciones, se anunciarán a los triunfadores y también nos enteraremos de quiénes no salieron victoriosos en la contienda. Algunos políticos y sus adeptos aceptarán la derrota con compostura y dignidad, en cambio, muchos otro no.

Considerando la naturaleza del trabajo de la institución que dirijo, desde hace 14 años, me es casi una obligación llamar a la reflexión de que el duelo por una pérdida tiene que ser considerado como un proceso normal y necesario, para que la persona recupere su equilibrio emocional y se adapte a su nueva realidad.

Es hora de que reconozcamos que en este mundo podemos afrontar diferentes tipos de pérdidas. Solo basta ver las reacciones de algunos políticos para darse cuenta de que numerosas personas, dentro de la clase política, se enfrentarán a sentimientos de tristeza, rabia, miedo, culpa y resentimiento ante la pérdida de su anhelos electorales.

Otros se dejarán embestir por la furia de la derrota y el bochorno, progenitores de reacciones destructivas como el impulso de venganza, el rol de víctima –culpando a otros por su desgracia–, acciones incitadas por la soberbia y el odio.

Las pérdidas físicas y tangibles parecieran ser más fáciles de aceptar, no así las simbólicas, pero todas confrontan nuestra vulnerabilidad.

Robert Neimeyer, doctor en psicoterapia y profesor de la Universidad de Memphis, Estados Unidos, define la pérdida como “cualquier daño en los recursos personales, materiales o simbólicos, con los que hemos establecido un vínculo emocional”. Es decir, cuando hay una privación o una amenaza sobre alguien o algo que es importante o significativo para nosotros, se da una situación de pérdida. Ante este hecho se genera una repuesta, llamada duelo, que puede involucrar variadas reacciones (físico, emocional, cognitivo, social o espiritual).

Y así como en la medicina no todos los organismos reaccionan iguales, en este aspecto sucede lo mismo, para algunos perder su candidatura será borrón y cuenta nueva, empero, para otros se puede llegar a convertir en una situación de amargos días tristes. Para aquellos ciudadanos es prioritario enfrentar su pérdida y evitar que, como figura pública, un duelo lo conduzca a ofrecerle a la población un mal ejemplo de conducta.

La elaboración constructiva de una pérdida depende, principalmente, de las características y recursos inherentes al individuo, así como de los recursos sociales con que cuente. En fin, para aceptar una pérdida simbólica es necesario darnos una mirada autocrítica, enfrentar el proceso de duelo con paciencia y honestidad, asumir las consecuencias de los impulsos y tomar la responsabilidad de los actos. Esto llevará a un nivel de conciencia más profundo. Hay pérdidas que son necesarias para crecer y otras tantas veces, también, involucran ganancias.

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