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ESCENARIOS DIPLOMÁTICOS

Cumbre de las Américas, signo de nuevos tiempos: Roberto Montañez

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Cumbre de las Américas, signo de nuevos tiempos: Roberto Montañez

La VII Cumbre de las Américas reunirá en Panamá a 35 jefes de Estado y de Gobierno del hemisferio, bajo el auspicio de la Organización de Estados Americanos (OEA), que aglutina a todos los países del continente, esta vez con la presencia de Cuba. Estados Unidos (EU) trata de darle un segundo aire a la debilitada preeminencia de la OEA, en medio del impulso de las alianzas integradoras en el sur, cuyos Estados buscan una relación ventajosa fuera del esquema tradicional que percibía a la región como patio trasero del imperio.

La cumbre tiene lugar ante el debilitamiento de los mercados de materias primas, la desaceleración de China y la precaria situación de Europa y Japón. Los líderes del hemisferio comprenden, sin embargo, la importancia de ampliar los vínculos económicos regionales, el comercio, el desarrollo de mecanismos reales de cooperación con EU, que apoyado en sus acuerdos de libre comercio pretende competir con los bloques comerciales de Asia y Europa. Sin disimular su interés político de constituir un foro en su zona de influencia, frente al formidable impulso que tienen las inversiones chinas en la región.

Hoy, 20 años después de la primera cumbre de Miami, la región se presenta con un modesto crecimiento económico y con 167 millones de personas que viven en situación de pobreza; con gobiernos populistas que en situación favorable en los mercados de materias primas con la industrialización de China, dieron prioridad a la diversificación económica y tomaron distancia prudente de EU. Una de las expectativas de la cumbre es hallar fórmulas para ampliar las medidas de cooperación económica con las naciones del hemisferio. Además, la ayuda en infraestructura, energía, educación, seguridad y estado de derecho, en una agenda común y satisfactoria para todos. Se precisa de un renovado diálogo con EU sobre crecimiento, comercio y desarrollo regional.

En 1956, en plena guerra fría, tuvo lugar una Cumbre Panamericana en Panamá, con la participación del presidente Dwight Eisenhower. Ahora, 59 años después, asistirá el presidente Barack Obama, en un escenario con definiciones estratégicas y hojas de ruta para la cooperación económica, seguridad, competencia, preferencias comerciales, programas públicos, compromisos políticos y una variedad de situaciones que se reflejan en la heterogeneidad de los protagonistas. La participación de Cuba es consecuente con la vocación integradora que vive la región. Un ejemplo del papel desempeñado por el Alba y la Unasur para fomentar el proceso de paz en Venezuela. Sin embargo, parece un contrasentido que EU promueva el acercamiento regional, al tiempo que emite una orden ejecutiva contra el Gobierno de Venezuela, calificándolo como una amenaza a su seguridad nacional. Esto añade tensión al rumbo de las relaciones hemisféricas. Desde la perspectiva política, el encuentro de los presidentes Raúl Castro y Obama captará la atención.

En la antesala de la cumbre la pregunta obligada es ¿qué beneficios tendremos como país anfitrión con esta inversión de capital económico y diplomático? El desafío de Panamá será proyectar la imagen de estabilidad con un crecimiento sostenido en los últimos 20 años, y demostrar que las inversiones privadas disfrutan de un régimen de seguridad jurídica incentivado por las expectativas del desarrollo logístico del Canal ampliado. Sin embargo, es imperativo definir la estrategia nacional para el aprovechamiento de múltiples espacios de inserción económica con el principal usuario del Canal, sin debilitar los procesos subregionales de integración como Unasur y Celac.

Esta convocatoria debe validar el prestigio anfictiónico de la diplomacia panameña en la concertación del diálogo interamericano. Los jefes de Estado y de Gobierno podrán calibrar el impacto que se espera en el comercio hemisférico con la ampliación del Canal y, como contrapartida, la necesidad de respaldar la determinación de Panamá para culminarla en medio de maniobras del consorcio constructor que hasta el último minuto busca sacar ventaja, aprovechando la urgencia de terminar la obra.

Será menester intensificar cabildeos diplomáticos con los principales usuarios presentes en la cumbre, EU, Chile, Perú y Ecuador, sobre la importancia de consignar en la declaración final una mención solidaria de la comunidad latinoamericana a la culminación, sin traumas, de la ampliación.

Se pondrá a prueba el impulso político de las negociaciones comerciales hemisféricas y la capacidad de la OEA para verificar el seguimiento al desarrollo de los compromisos programáticos para que se concluyan en el plano económico y político. Es imperativo el acceso sin trabas al mercado estadounidense, a la cooperación económica y financiera que son indispensables para erradicar la pobreza extrema con inclusión, redistribución y justicia social.

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