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Hidroeléctricas y alternativas: Pastor E. Durán Espino

Los indígenas tienen razón: las hidroeléctricas no solo implican la pérdida de su único modo de subsistencia, la agricultura y la cría de animales, sus hogares y propiedades; con su implementación se obstaculiza la migración de peces y otras especies de los ríos. Estos se convierten en ciénagas de aguas verdes llenas de algas, putrefactas, llenas de mosquitos; muchas veces llegan a secarse. Al obstaculizarse la migración de especies acuáticas, el ecosistema de mamíferos, aves, reptiles y anfibios que se alimentan de estas especies va desapareciendo. Las cuencas fluviales y los bosques galerías se van extinguiendo.

Las hidroeléctricas son una amenaza por la escasez de agua, no solo para la comarca Ngäbe Buglé, sino para las áreas no indígenas. En Gualaca (Chiriquí) –por ejemplo– los ganaderos se ven en la necesidad de utilizar camiones cisterna para su ganado debido a que el paso de sus rebaños es restringido al río, especialmente, en los meses de verano en que los proyectos se llevan toda el agua. Hasta dejan sin agua los acueductos rurales del Ministerio de Salud, en los cuales el Gobierno ha invertido muchos recursos. Tanto en Boquete como en Cerro Punta, graneros de la República, como en las márgenes del río Santa María, donde se planifican una serie de hidroeléctricas de comprobada propiedad del trinomio Virzi–Btesh–Martinelli, existe la amenaza de quedar sin el vital insumo agrícola para el riego de las plantaciones. Hay alternativas nuevas, renovables y limpias, como la energía eólica o solar y las plantas mareomotrices que producen electricidad utilizando las corrientes marinas. La humanidad debe impulsar las producción de energía renovable, limpia y que tenga en cuenta el desarrollo humano sostenible. No podemos llamar “desarrollo” a aquello que no tiene en cuenta a los seres humanos. Ahora, habrá que tener cuidado con las tierras donde se sitúen las fincas eólicas y que sus habitantes sean recompensados debidamente e, incluso, suministrándoles energía gratuita y que no se lleven a cabo abusos como las expropiaciones, tácticas utilizadas por las hidroeléctricas. El ecologista Gabriel Despaigne propone la utilización de la energía mareomotriz, o sea, la energía que se genera a través de las corrientes marinas. El Ing. Despaigne nos explicó en cierta ocasión, a manera de ejemplo, que entre Saboga y Contadora (archipiélago panameño de Las Perlas en el océano Pacífico), hay un canal por donde pasa una corriente marina. Allí se pueden utilizar –nos dijo Despaigne– generadores mareomotrices, aprovechando la corriente y generar energía eléctrica sin contaminación. Sin embargo, en vez de exigirle a los inversionistas aplicar estas alternativas, nuestras autoridades lo que hacen es aprobar la construcción de termoeléctricas contaminantes y/o hidroeléctricas que desplazan a poblaciones campesinas indígenas y latinas, aumentando y engrosando los anillos de miseria de nuestras ciudades, con la subsecuente creación de grandes y complicados problemas sociales y económicos.

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