ACUSACIÓN DE HOMICIDIO CULPOSO

KPC, un exabrupto jurídico: Xavier Sáez-Llorens

Para los que trabajamos en salud, la muerte de cualquier paciente nos resulta extremadamente dolorosa. Aunque exhibamos rostros inexpresivos, el sufrimiento interior es atormentador y desgastante. Es una cruel estocada a nuestros estudios y vocaciones. Quedé absorto, por tanto, con la acusación de homicidio culposo a 11 funcionarios del Complejo Hospitalario Metropolitano y posterior divulgación de sus identidades, violando la presunción de inocencia. La decisión representa un exabrupto jurídico que, de prosperar, tendrá nefastas consecuencias para el sistema sanitario panameño. La culpa del injusto linchamiento obedece al irresponsable e enjuiciador amarillismo mediático que aconteció durante el brote de KPC y al aprovechamiento de la crisis por gremialistas y depredadores de oficio.

Sin ánimo de petulancia, me considero experto en infecciones nosocomiales. Es una de mis áreas preferidas de la especialidad, tengo múltiples artículos/capítulos publicados y participo en el comité de vigilancia de mi hospital. Si por mi consabido conflicto de interés, se prefiere desechar la argumentación técnica que detallo a continuación, los ignaros fiscales deberían asesorarse con profesionales de prestigio antes de provocar un pernicioso precedente de incalculable adversidad.

Las infecciones nosocomiales ocurren diariamente en los hospitales del mundo, públicos o privados. Se consideran un riesgo inherente a cualquier atención o actividad sanitaria. De hecho, la terminología actual las define como infecciones asociadas al cuidado de la salud, denotando su ocurrencia frecuente e imprevisible. Toda persona que se admite al hospital firma un documento que avala su entendimiento sobre los riesgos que asume al someterse a tratamientos médicos o quirúrgicos para combatir su morbilidad. Esta infección, por consiguiente, no traduce negligencia ni tampoco es susceptible a indemnización. No conozco ningún caso de personal, médico o administrativo, que haya sido sancionado jurídicamente a nivel internacional.

Cuanto más grave es la enfermedad del paciente, mayor posibilidad de desarrollar una infección nosocomial. Esta vulnerabilidad se basa en tres razones. Primero, porque los procedimientos requeridos se hacen en condiciones higiénicas de urgencia, las cuales tienden a ser menos rigurosas que las practicadas electivamente. Segundo, porque es más probable que el enfermo amerite colocación de múltiples catéteres, sondas y cánulas (traqueales, urinarias, vasculares) para salvarle la vida. Tercero, porque la severidad del padecimiento se acompaña usualmente de algún grado de deficiencia inmunológica. La conjunción de estos factores incrementa exposición y fragilidad a los gérmenes circundantes, presentes tanto en el propio organismo del doliente como en las manos del personal o familiar y en el entorno inanimado.

Pese a la ausencia de negligencia, debemos ser responsables en nuestras funciones. En toda actividad humana se cometen errores, desatenciones o descuidos que deben ser fiscalizados para implementar las sanciones administrativas correspondientes según la importancia del suceso. Todo Comité de Control de Infecciones, por ejemplo, debe ejercer una monitorización diaria de los casos infectados para detectar ocurrencia de brotes, reforzar prácticas higiénicas, racionalizar uso de antibióticos, aislar a infectados o portadores del microbio causal y comunicar oportunamente a los directivos del nosocomio para tomar acciones más contundentes, en caso que las estrategias iniciales fracasen. Paralelamente, los epidemiólogos del Minsa deben supervisar y recomendar conductas a seguir. Por más medidas rigurosas que se ejecuten, empero, la detención de un brote no siempre resulta eficaz a corto plazo y, a veces, dependiendo de la virulencia y resistencia del germen implicado, la reducción temporal de casos puede tardar semanas a meses. La bacteria KPC, por ejemplo, circula desde hace 12 años en EU y muchos otros países, causando episodios recurrentes (Infection & Drug Resistance 2012; 5:133). En este preciso momento, se reporta un brote en Maryland (centro del NIH).

Las estadísticas contemporáneas indican que las infecciones nosocomiales agregan 10%-20% de mortalidad al pronóstico de la dolencia original. Si hace 50 años, un paciente admitido en Cuidados Intensivos tenía 70% de probabilidad de fallecer, con los avances médicos modernos, el riesgo se reduce hoy a 20%. Pero, si ese individuo adquiere una infección, la letalidad puede ascender a 30%-40%. Es el desafortunado precio a pagar por la mejoría en la calidad del manejo crítico. A mi juicio, de los más de 100 decesos vinculados a la KPC, es probable que no más de 20 hayan muerto por causa directa de la bacteria. En otros, el microbio pudo haber contribuido parcialmente. La mayoría de fallecidos, sin embargo, solo estaba colonizado por este patógeno y el infeliz desenlace sobrevino por su grave padecimiento de fondo.

Esta acusación es tan peligrosa que ya hay médicos y enfermeras temerosos de canalizar venas, colocar catéteres o participar en los comités de control porque imaginan la presencia de ruidosos periodistas y codiciosos abogados, apostados en cada rincón hospitalario, sacando provecho de cada infección nosocomial. No descarto más fugas de funcionarios al sector privado. Lo sucedido es diametralmente opuesto a la intoxicación por dietilene glycol. Este tóxico fue suministrado inadvertidamente por la CSS mientras que la KPC fue introducida por algún paciente portador. El envenenamiento difícilmente se repetirá mediante regulaciones rigurosas mientras que la infección seguirá ocurriendo a pesar de las mismas. La justicia debe ser ciega en su destinatario, pero lúcida en su análisis. Cuidado. @xsaezll

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