EL MALCONTENTO

Mal de muchos...: Paco Gómez Nadal

Así es: mal de muchos... consuelo de tontos. Nos gusta salvaguardar la dignidad del trasero fijándonos en la deformidad del ajeno. Nos duele mirarnos al espejo si antes el vecino no nos ha mostrado su perfil más grotesco, ese que nos salva de asumir nuestra propia verdad.

Estoy algo cansado de leer las feroces críticas a mis artículos de aquellos que piensan que porque en España o en Europa la crisis política y económica sea de proporciones abisales, eso permite dormirse respecto a los problemas domésticos; o que, porque en Tanzania hayan muerto 100 por el hundimiento de un ferry es mejor que en Panamá “solo” hayan muerto 50 por la bacteria maldita.

Mal de mucho... consuelo de tontos. La crisis es mundial, pero en cada lugar muestra peculiaridades. Rasgos a tener en cuenta. Que el modelo democrático occidental y capitalista está en crisis en todos los lugares donde fue sembrado... es evidente. Que desde hace unos años, con especial intensidad desde el 11-S, la ética de la guerra ha sustituido a la ética cívica en las relaciones entre el poder y sus ciudadanos, y entre estos y sus vecinos... parece obvio. Que el sueño de la incorporación a la adormecida clase media sigue siendo válido y que eso neutraliza muchos de los intentos de revuelta... también.

Sin embargo, Panamá vive tiempos especialmente complejos y no hablar de ellos no los hace menores; igual que cuestionar la salud democrática de Panamá no significa cuestionar a cada uno de sus ciudadanos. Porque, queridos amigos, hay ciudadanos y ciudadanos...

Los hay que se están aprovechando de esta bonanza económica que tiene mucho de burbuja y, por tanto, puede morir de flatulencia. Dicen los estudios que los índices macroeconómicos crecen, al igual que aumenta la “narcoeconomía”, la corrupción (ver Ranking del Foro Económico Mundial) y la desintegración de los balances democráticos.

No hay contrapesos al poder autocrático del Ejecutivo Martinelli (casi tan estatista ya como Venezuela), y los empresarios (verdaderos dueños del país) todavía siguen creyendo desde una ingenuidad rampante que pueden controlar a “los locos” o que, al menos, terminarán saliendo del poder en 2014. El problema de este estado de cosas, tan parecido en algunos aspectos a lo que sucedía en el México del PRI o en la Colombia de Uribe, es que quien paga las consecuencias es la otra ciudadanía: la que observa este devenir desde la indolencia (los menos), el escepticismo (la mayoría) o la indignación (una activa minoría).

México está recogiendo en forma de violencia décadas de poder autocrático y de debilitamiento intencional de las instituciones (un proceso que comenzaron a diseñar y ejecutar los “gachupines” españoles nada más producirse la independencia); Colombia, que nunca ha podido sacudirse la violencia inspirada desde el poder y potenciada desde los grupos armados ilegales, sufre ahora una corrupción inatacable que amenaza con colapsar la gestión oficial y la credibilidad de sus ciudadanos.

¿Y Panamá? Pues, nosotros decidimos. Hay varias formas de actuar: ver el circo desde la grada como si nada tuviera que ver con nosotros; aprovecharse de la situación para sacar un poco el pecho (como algunos de los reunidos en Casa Ángel, protagonistas también de la titubeante historia de Panamá de los últimos 20 años); o comenzar a organizar una verdadera sociedad civil en barrios, distritos y centros de trabajo, actuar sin esperar mesías que vengan a revelar la fórmula mágica, participar de la vida política con el entusiasmo de los que saben que la patria ahora necesita de sus más creativas y honestas fichas.

Ponerse en la foto es fácil, persistir en la resistencia democrática es lo difícil. Por desgracia, no podré estar en la Vigilia Ciudadana por la Democracia Participativa, pero ese es un buen escenario para estar. Es posible que la sordera de Martinelli y los suyos impida que se vean cambios a corto plazo, pero si se avanza en lo ciudadano (es decir, político, pero no partidista, de base); si se insiste en el apellido “participativa” para la democracia; si se debate, se forma y se moviliza a la ciudadanía, Panamá tiene la oportunidad de sentar las bases para un nuevo sistema. Eso es lo que están trabajando las sociedades civiles desde Egipto, a España o Estados Unidos. Esa es la tarea que tenemos todas y todos si no queremos provocar conflictos mayores, heridas indelebles.

Todas y todos a la vigilia, en la Iglesia del Carmen, a las 5:00 p.m.

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Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

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