UN DISCURSO MEMORABLE

Mirar otros ombligos: Berna Calvit

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince dice en su artículo, Mirándose el ombligo, “Si nos limitamos a leer y a seguir a nuestros similares, y a repetir (por cuenta de algoritmos de la red) nuestros patrones ideológicos de lectura, caeremos en un grave empobrecimiento como ciudadanos críticos y pensantes”. Apartar los ojos del ombligo nacional y mirar lo que acontece en otros países expande horizontes. Así descubrí al entonces recién estrenado presidente uruguayo, José Pepe Mujica, rara avis de la política por su actividad como líder de los Tupamaro, guerrilla urbana de izquierdas en la década de los años 60. En 1985 fue amnistiado; pese a su pasado, triunfa como diputado y senador; en 2005 fue ministro de Ganadería y Agricultura en el gobierno de Tabaré Vásquez, primer presidente de izquierdas con reconocidos logros en políticas sociales, de educación y de salud.

En 2010 Mujica, el desgarbado, canoso y arrugado señor de aspecto bonachón se convierte en Presidente, cargo que lleva con un estilo muy peculiar; no usa corbata y prefiere el jacket al saco; no tuitea ni usa e-mail, solo un celular “pasadito”; no cambió su forma de vida ni de hablar, dada a la metáfora y a expresiones populares; dona a obras sociales casi el 90% de su sueldo y dice no necesitar más que lo que tiene; vive en su modesta y vieja casa en las afueras de Montevideo con su mujer de muchos años, la senadora Lucía Polansky, pareja presidencial “que rompe el molde”. El estilo informal de don Pepe dificulta el manejo de su seguridad y del protocolo.

Mujica tiene opositores importantes y un pueblo que varias veces lo ha subido y bajado en las encuestas; como todos los mandatarios, se queja de la prensa, “un mal necesario, imprescindible, por eso no hay que andar toqueteándola pero que calienta, calienta, sobre todo cuando dice bolazos” (bochinches); dice que “los gobernantes no deben responder a las críticas de la prensa sino soportarlas, porque si reaccionan, pierden dos veces”. Se le considera pragmático; prefiere no perder tiempo en confrontaciones inútiles y su sentido de democracia no admite el autoritarismo. Su proyecto de ley sobre los medios de comunicación (mal recibido por la oposición) propone “establecer un margen de propaganda a los partidos políticos, que no se cobre” porque “con las campañas políticas los partidos quedan hipotecados”.

Sabemos cómo se pagan, digo yo. ¿Qué diferencia a Pepe Mujica de otros presidentes? Primordialmente, que fiel a sus convicciones sociales y políticas practica lo que predica. Sin ser airadamente confrontacional llama, “al pan, pan y al vino, vino”. En la Cumbre de Río 2012 dijo: “Toda la tarde se ha hablado de desarrollo sustentable. De sacar las inmensas masas de la pobreza. ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de desarrollo y de consumo, que es el actual de las sociedades ricas? ...Pobre no es el que tiene poco sino el que necesita infinitamente mucho, y desea más y más. ...Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana? ... El desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana; de las relaciones humanas, del cuidado de los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental”. Así habla un hombre “de izquierdas”, calificación que espanta a muchos.

En lenguaje llano y algo poético, el discurso de Mujica ante la ONU el 24/9/2013 denuncia, protesta, propone y cubre a ras de tierra los problemas que agobian a la humanidad: guerras, depredación de la naturaleza, consumismo, falta de solidaridad. Destaco algunas frases. “Mi historia personal, la de un muchacho que como otros quiso cambiar su época y su mundo tras un sueño, el de una sociedad libertaria y sin clases”, refiriéndose a su pasado guerrillero”... Oigan bien, queridos amigos, en cada minuto en el mundo, en cada minuto se gastan dos millones de dólares de presupuestos militares... Arrasamos las selvas verdaderas e implantamos selvas anónimas de cemento... Cargo con una gigantesca deuda social y con la necesidad de defender la Amazonia, los mares, nuestros grandes ríos de América... La economía sucia, el narcotráfico, la estafa, el fraude y la corrupción son plagas contemporáneas cobijadas por ese antivalor, ese que sostiene que somos más felices si nos enriquecemos sea como sea... Pensemos en las consecuencias de fondo, en la civilización del despilfarro, en la civilización del “use y tire”, que lo que está tirando es tiempo de vida humana... las consecuencias de la vigilancia electrónica que no hace otra cosa que sembrar desconfianza y nos envenena inútilmente... Es posible un mundo con una humanidad mejor... Tenemos una civilización contra la sencillez, la sobriedad, contra todos los ciclos naturales. Pero peor, una civilización contra la libertad que supone tener tiempo para vivir las relaciones humanas, lo único trascendente: amor, amistad, aventuras, solidaridad, familia”.

El “alto desarrollo democrático” de Uruguay lo coloca entre uno de los tres países con mejores resultados en la última década. El ascenso en la puntuación de este año “es producto de los incrementos de las puntuaciones en las dimensiones respeto de los derechos políticos y libertades civiles y calidad institucional y eficiencia política...” (XII edición del Índice de Desarrollo Democrático, Fundación Konrad Adenauer). Y sobre mirarnos el ombligo, que allí solo seguiremos viendo un ombligo, nada diferente.

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