MEMORIA HISTÓRICA

Rescatemos el 20 de diciembre: Carlos David Abadía Abad

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Rescatemos el 20 de diciembre: Carlos David Abadía Abad

El 20 de diciembre de 1989 es una fecha que forma parte de nuestra historia patria y, por eso, debemos rescatarla del olvido en que se encuentra. Considero que estamos en el momento preciso para iniciar ese rescate, pues mañana se conmemora el 25 aniversario de la invasión estadounidense a Panamá, y porque este año han surgido trabajos interesantes en esa dirección, como los documentales Invasión, de Abner Benaim, y Prohibido olvidar, de Oscar Faarup (que se transmitirá el 21 de diciembre en Telemetro), y por el esfuerzo de la directora del Instituto Nacional de Cultura, reflejado en la exposición 20 de diciembre de 1989: Memoria de todos.

Sin embargo, tenemos muchos retos por superar y el principal es despolitizar la fecha, pues considero que ahí radica que aún se desconozca la verdadera cifra de muertos que hubo en esa innecesaria acción militar. Estimo que llegó el momento de separar la politiquería de este hecho histórico, humillante para el país y doloroso para todos los que perdieron a sus seres queridos.

En esa dirección debe quedar claro que el principal responsable de los hechos que alimentaron la dictadura, que terminó con la invasión, fue Estados Unidos, porque le brindó sustento al dictador de varias formas. Primero al darle respaldo político, cuando influyó en la designación de Nicolás Ardito Barletta como candidato, y luego al reconocer su elección a sabiendas del fraude electoral de 1984. También le prestó apoyo con armas, y se hizo de la vista gorda ante los negocios de Manuel A. Noriega con los narcotraficantes. Cuando su pupilo ya no convenía a sus intereses, porque se le había salido de las manos, la manera más fácil de neutralizarlo fue la invasión.

También son responsables de tal acto criminal el propio Noriega y sus aliados, civiles y militares. Él, porque se confió del respaldo de Estados Unidos y, por esa razón, intensificó sus medidas de represión hacia la población. Sus aliados, por varias razones, algunos por querer mantener el poder, a sabiendas de lo que ocurría, otros por sus negociados o por miedo a Noriega.

Es importante despejar, de una vez por todas, las dudas en torno a la cantidad real de víctimas humanas que dejó la invasión. Decir que fueron miles, sin presentar las evidencias (registros, documentos de identidad, testimonio de familiares, etc.), me parece una medida politiquera que solo ha generado reclamos de una u otra parte.

Tengo una teoría, basada en un hecho del que fui protagonista para esa fecha, y que me da bases para manejar la cifra aproximada de muertos. El 22 de diciembre de 1989 recibí una llamada del vicepresidente Billy Ford para que me encargara de los hospitales de la capital, es decir del Complejo Hospitalario de la CSS y del Santo Tomas. Así lo hice, y designamos al Dr. Rolando de la Guardia como director del Complejo, y a la Dra. Amalia Rodríguez French, en el Santo Tomas. La noche del 23 de diciembre, entre esos dos hospitales y el Gorgas, se contaron 180 cadáveres que reposaban en las morgues y que se debían sacar de ahí porque la mayoría permanecía fuera de los depósitos refrigerados, que solo tenían capacidad para 40 cuerpos. La rápida descomposición de esos cadáveres, con heridas expuestas, suponía un enorme riesgo sanitario. La mañana del 24 de diciembre, tras identificar a cada una de las víctimas –gracias a los documentos que portaban– se introdujeron en bolsas y se enterraron en fosas individuales.

El día 24, cuando ya se había registrado la mayoría de las muertes, en los centros hospitalarios solo contabilizamos la cantidad señalada. Y estimo que en las calles quizás habría 400 muertos más, número que podría variar, pero no mucho. Es decir, que en mi concepto la hipótesis de que la infame invasión produjo miles de muertos dista mucho de la realidad que pude ver. Quiero dejar claro que aunque hubiese sido un solo panameño el que hubiese muerto en la invasión, sería igual de lamentable que la pérdida de miles.

También es importante que algunos dejen a un lado esa posición, que llamaría antipanameña, al no aceptar su responsabilidad por haber participado en el régimen dictatorial que pisoteó nuestra dignidad como país, cuando el dictador utilizó Panamá como una guarida de narcotraficantes, a quienes les otorgó pasaportes y utilizaban el espacio aéreo y los aeropuertos para el tráfico de drogas.

Se trata de un tema controversial, que demanda una profunda reflexión para que nunca más se repita.

Llegó el momento de hacer un esfuerzo para localizar a las familias de todos los muertos, para luego hacer un monumento en su conmemoración. Es vital para nuestra historia documentar estos hechos, con los culpables, los responsables y enseñarlo a nuestros estudiantes para que aprendan de los errores cometidos. Creo que eso es más valioso que decretar un día de duelo, que mucha gente aprovecha para irse a las playas, en vez de reflexionar.

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