REFLEXIÓN

No habrá cambio de rumbo: Paulino Romero C.

Está en duda que el autollamado “gobierno del cambio”, cambie de rumbo. Lo que este “régimen de mando personal”, que no de gobierno, ha sido (demostrado) en 30 meses de gestión, eso será, con poca diferencia, mientras prevalezca lo que mande el mandador (hasta el 30/06/2014). Infortunadamente, ha resultado frustrante, decepcionante y desesperanzador lo ocurrido a nuestra patria en este lapso. Recordemos que en el largo proceso que culminó en la fundación de la República de Panamá se llegó a crear el concepto de ser panameño como cosa característica, individualizada y propia.

Decepciona, sobremanera, que un gobierno elegido democráticamente, con el más alto porcentaje de votos (61%); con el mayor apoyo político y económico nunca antes visto en el acontecer republicano; que prometió gobernar con el concurso de los mejores, independientemente del partido político a que pertenecieran, haya experimentado tan duro decaimiento en popularidad por su propio abonamiento de descrédito en tan poco tiempo.

Contrario a lo prometido durante la campaña política, el Presidente de la República nombró en su equipo de gobierno a sus más allegados amigos y empleados de sus negocios particulares (supermercados y empresas privadas). Luego asumió el control de la Asamblea Nacional, la Contraloría General de la República (antes, máxima institución fiscalizadora de la Nación), la Corte Suprema de Justicia, el Ministerio Público y las instituciones autónomas y semiautónomas.

Seguidamente queda “al descubierto” una serie de escándalos mayúsculos de corrupción e impunidad en algunos ministerios y entidades públicas (migración, “mi primer empleo”, la KPC, los terrenos de Paitilla, Chilibre, Juan Hombrón, contratos de radales y helicópteros, el transfuguismo, etcétera), actos delictivos que son cotidianamente denunciados en los tribunales y en los medios de comunicación.

Obnubilado por la ejecución de algunos “megaproyectos” (el Metro, la compra de los corredores norte y sur, extensión de la cinta costera, cadena de frío y otros), el régimen “perdió de vista el bosque por contemplar los árboles”; como consecuencia, se incrementó la criminalidad e inseguridad pública, y los problemas vitales de la población, lamentablemente, se desatendieron: el alto costo de la vida, con tendencia al alza en los precios; la falta de agua potable; la infortunada gestión administrativa y técnica de la Caja de Seguro Social; las condiciones deplorables de las calles y avenidas urbanas; el deficiente servicio de transporte público; la basura; el deterioro de las carreteras nacionales y caminos de penetración rural; las huelgas de educadores, médicos y sindicatos obreros; el funesto nepotismo oficial (parientes de altos funcionarios politiqueros, incultos, sin título universitario, son nombrados como representantes diplomáticos en el servicio exterior, con los resultados negativos conocidos, propios de un vergonzoso desempeño).

La conciencia colectiva va más allá de los individuos y crea vínculos de sentimientos, de pensamientos y de propósitos, que constituyen la esencia misma de la patria, tal es el caso de Panamá. Pero, ¿se podrá mantener este estado de solidaridad colectiva que nos permita seguir considerándonos orgullosamente panameños, no obstante las decepciones y desengaños de nuestra experiencia política reciente?

Llegamos rápidamente a la conclusión de que el “régimen de mando personal” es la antítesis, la negación, lo contrario del sentimiento democrático, que equivale a decir del pensamiento y del sentimiento panameño.

Más todavía: el “régimen de mando personal”, por profesión de fe, es materialista; y los panameños, por conducta, y por convicción de fe también somos en mayoría espiritualistas, en el sentido de subordinar los bienes materiales a las esencias espirituales. La tragedia panameña y la necesidad de una verdadera acción concertada de toda la ciudadanía para su redención, le daría a esta noble causa un valor específico en la problemática política nacional.

Nuestros venerados próceres, cuya iniciativa es inolvidable para la unidad republicana, así como también nuestro sistema democrático, en proceso de perfeccionamiento, constituyen símbolos que estimulan la solidaridad humana, ambiente en el que todos los panameños seamos totalmente libres e “iguales ante la ley”. Hoy se requiere, en defensa de ese fundamental principio humano, la creación concertada de toda la ciudadanía panameña, única forma de vencer el materialismo avaricioso, que pretende secuestrar a nuestra patria.

Conclusión: para ser Presidente Constitucional de la República (2014-2019) se impone “la personalidad” de un hombre honesto y capaz que potencie el diálogo y la formulación de políticas públicas en temas de interés nacional: educación, salud, trabajo, justicia, vivienda, agua potable, el medio ambiente, la actividad agropecuaria, el transporte público, el costo de la vida, las obras públicas, etcétera.

¡Corresponderá al soberano pueblo panameño dictar su fallo democrático inapelable en mayo de 2014!

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