VIVENCIA HISTÓRICA

El caso Spadafora, aún sin resolver: Carlos E. Landau M.

En el hotel Fundadores de Boquete se celebraba, en septiembre de 1985, con todo éxito y en un ambiente jovial y ameno, el Seminario Nacional de Prensa. De pronto, en aquel día 13, con la velocidad de pólvora encendida, se propagó entre los asistentes algo que los motivó a levantarse de sus asientos, produciendo reacciones de diversa índole.

Muchos corrieron hacia el teléfono central del hotel para tratar de hacer, en privado, sus llamadas; otros dijeron “nos vamos”; algunos formaron pequeños grupos que conversaban casi en silencio a orillas del riachuelo que ameniza con sus rumorosas aguas el interior del hotel. No faltaron quienes se retiraron sigilosamente, como si quisieran pasar inadvertidos.

Una de las trabajadoras del restaurante me llamó cariacontecida y me dijo: “Don Carlos, ¿qué está pasando?” –le pregunté “¿por qué?”, y me dijo “es que de pronto todo el mundo se ha ´alborotado´ y yo no sé si es que estamos quedando mal o es que algo grave está ocurriendo”. Le dije “déjeme averiguar”.

Me fui al salón La Trocha, donde se celebraban las conferencias y le pregunté a varios de los periodistas delegados. Uno de ellos me respondió: “Ingeniero... ¡es que han matado al Dr. Hugo Spadafora!”.

Me quedé impávido, y de pronto escuché a otro expresar: “la vaina no es que hayan matado a Spadafora... ¡lo jo... es que le cortaron la cabeza!”. Una gran consternación se podía observar entre todos los participantes. “¡No puede ser! ¡No es posible que esto ocurra en Panamá! ¡Hemos vuelto a la era de la guillotina! ¡Algo grande va a pasar! ¡Pobre Panamá!” – figuran entre las varias expresiones que recuerdo haber escuchado ese día.

Personalmente me sentí no solo consternado y confundido por la desagradable noticia, sino profundamente preocupado por la significación y alcance de este hecho insólito. Recuerdo que medité y me dije en voz alta: “¿Qué pasa en Panamá? ¿Qué pasa en mi Patria? ¿Cómo es posible que se haya llegado a estos extremos? ¿Hacia dónde vamos?”.

Al anochecer un periodista del diario La Prensa – creo que fue Franklin Bósquez D´Giovanni – me llamó para entrevistarme, y me preguntó “a boca de jarro”: ¿Qué opina usted del crimen del Dr. Spadafora? Sin mucha dilación recuerdo haberle contestado algo así: “El crimen del Dr. Spadafora constituye una afrenta para la dignidad de todo el pueblo panameño... Dios quiera que en ese hecho no haya participado ningún panameño”.

Esta declaración que fue publicada en la primera plana del diario La Prensa me trajo posteriormente mensajes no muy agradables que me reservo.

Después de aquellas experiencias vividas en septiembre de 1985, siempre me interesé en darle seguimiento a todo lo que se publicara en torno a este hecho traumático sin paralelo en la historia de nuestra patria. Seguí, principalmente, a Guillermo Sánchez Borbón, “desentuertando informaciones” en Pocas Palabras: nombres, lugares, fechas que se han dado a luz pública en diversos medios, declaraciones, retractaciones, ascensos, traslados... desplazamientos de Presidentes, fallecimientos intempestivos y, por último, la publicación del testimonio de un “guapo testigo” que dijo: “sembrado en un tanque de pu.. he visto lo que nadie más vio...”.

Hoy, que el caso del Dr. Hugo Spadafora ha vuelto a recobrar actualidad por sus designios justicieros de la historia, viene a mi memoria aquel viernes en la noche en el que estando lleno el bar discoteca del hotel Fundadores, observé a dos hombres vestidos de civil, pero de corte militar, parados al borde de la pista de baile.

Al preguntarle al cantinero quiénes eran esas personas me dijo: “Yo no las conozco, pero parece que son guardaespaldas de un mayor que anda por allí...”. Noté a dos personas para mí desconocidas, tomando en una mesa y que pronto se fueron. Luego alguien comentó: “allí estaba el agregado militar de Panamá en la Embajada de Costa Rica...”.

Aún hoy se desconoce qué pasó realmente ese día. Han surgido toda clase de declaraciones de inocencia, versiones variadas y suposiciones sobre aquel afrentoso hecho que nos da la impresión de aún estar viviendo en medio de una gran mentira... al grado tal que a veces he llegado a pensar si en un momento dado no se dará un pronunciamiento declarando que en realidad no ocurrió tal crimen, sino que finalmente lo que acaeció fue un ¡suicidio!

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