ADECENTAMIENTO

Una cuestión de actitud: José Domingo Samudio C.

Leí una noticia que me llamó mucho la atención y que sucedió en nuestro país vecino, Colombia, Allá, la Procuraduría de la Nación le abrió una investigación al jefe de la Policía, Rodolfo Palomino, por su presunta participación en una red de prostitución masculina. Aunque se presume siempre la inocencia de un investigado, ese señor se separó del cargo, el día siguiente, y dijo: “He tomado la decisión, en el seno de mi hogar, junto al cuerpo de generales y de cara al país, de pedirle al señor presidente Juan Manuel Santos que me aparte del cargo, como director general de la Policía”. Hizo hincapié en que dimitía, a pesar de que no era culpable de ninguno de los cargos que se le imputaban, porque no podía permitir que un director de la Policía fuese investigado y se pusiera en duda su honorabilidad.

Esa es la acción que debe tomar cualquier funcionario. No tiene que esperar los resultados de una investigación o que una mano amiga en el poder lo ayude. Él sabe que se debe al país, no a sus intereses personales ni partidistas. ¿Por qué nuestros funcionarios de altas jerarquías no actúan de esta manera? Sencillo, carecen de hidalguía, honorabilidad y valentía para hacerlo. Ellos profesan otros valores, sus actitudes son poco decorosas, y la desfachatez y el “juega vivo” son las principales características de estos personajes, ¡Qué distantes están de ser un ejemplo a seguir! Lastimosamente, esta es la actitud que se le transmite a las nuevas generaciones que, de una manera u otra, dirigirán el país, sea en ministerios o en entidades públicas.

No ha habido diferencia en ninguno de los gobiernos que hemos tenido en los últimos 20 años. Claramente, vemos cómo la corrupción crece desde los puestos más bajos de las entidades hasta los más altos cargos estatales. En la administración de justicia ni se diga, en los pasillos de la Corte Suprema huele a podrido, porque todos han perdido la credibilidad, pero siguen en sus cargos, son descarados. Ellos pensarán “mejor le damos tiempo al tiempo, las cosas se olvidan”.

Varios funcionarios públicos de este período debieron haber seguido el ejemplo que traje a colación, pero eso es un sueño de “nunca jamás”. Nuestros dirigentes deberían dar el ejemplo e iniciar el verdadero cambio, pero parece que eso no se contempla en el contexto estatal, en la Asamblea Nacional, en las alcaldías, en el Órgano Judicial y tampoco en el Ejecutivo.

Los culpables somos, nosotros, los miembros de la sociedad, porque le damos más importancia al Carnaval, a los juegos de fútbol o béisbol, a las fiestas o a lo que nos envían en las redes sociales. No nos preocupamos por el futuro del país; la educación pública es una porquería; en materia de salud se trabaja con lo que se puede y la atención a los pacientes es mediocre; la seguridad no existe en ninguna provincia; crecen las cifras de asesinatos por encargo; cada vez hay más políticos corruptos que roban a mansalva y el pueblo... callado. No sé cuándo será el día en que la verdadera sociedad despertará. Digo verdadera porque los grupos que dizque representan a la sociedad civil solo velan por los intereses de terceros que patrocinan sus actividades. Pueblo panameño, despertemos de este letargo y hagámonos respetar.

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