ALTERNATIVAS

El deporte y el gasto público: Caleb Delibasich

Como amante de los deportes que soy, está de más decir que para mí son fascinantes. En ellos veo muchas veces las grandes cualidades e impresionantes logros que un individuo o grupo es capaz de alcanzar. Pienso en la gran determinación que mostró la gimnasta Kerri Strug cuando ganó la medalla de oro con un esguince de tobillo; el apabullante dominio de Michael Phelps durante su carrera; la inesperada y casi imposible victoria de jóvenes universitarios estadounidenses sobre la Unión Soviética en hockey, en 1980; aquel gol de Maradona contra los ingleses; las canastas hechas en el último segundo por Michael Jordan; las peleas de Ali vs. Frazier, y muchos otros momentos en que, de una forma u otra, los grandes atletas nos han realmente asombrado.

Cuando escucho la frase “en Panamá el Gobierno no apoya el deporte”, mi primera reacción es preguntar ¿acaso debería? Empiezo a preguntarme si es correcto y de beneficio que el dinero de los contribuyentes sea utilizado para promover y financiar ciertas actividades, individuos o equipos de forma específica. Es decir, si deben ciertas actividades, que pueden no ser del agrado ni de la importancia de todos, ser favorecidas con el dinero de todos.

Después de pensarlo, y pese a ser un amante del fútbol y de los deportes en general, mi conclusión es “de ninguna manera”. Los fondos que se recogen mediante el cobro de impuestos se aportan tanto por los amantes como no-amantes de los deportes, y nadie debe verse obligado a pagar por intereses especiales.

El apoyo del Gobierno no es necesario para que la actividad deportiva florezca. Hay infinidad de ejemplos en todo el mundo en que las ligas y deportistas de alto rendimiento surgen sin la necesidad de fondos públicos. Por ejemplo, en Estados Unidos son los exalumnos, los fanáticos y los miembros de la comunidad, con sus donaciones, los que mantienen el football americano universitario. Así mismo, en el fútbol mundial los equipos buscan financiar sus actividades por medio de socios, venta de entradas y camisetas, y derechos de televisión. Muchas de estas técnicas, sobre todo la asociación y contribución privada y otras más, pueden ser aplicadas al deporte nacional sin la necesidad de fondos públicos.

El Gobierno ya cuenta con un alto gasto y deuda pública que excede más de la mitad del PIB. No solo eso, habría que preguntar quién decide qué actividades o personas hay que favorecer. A muchos les gusta el arte o el teatro, y a otros la música. ¿Acaso el Gobierno debe subsidiar la producción de obras teatrales? ¿O los materiales que utilizan los pintores? ¿O los gastos de producción de alguna película nacional? ¿Qué tal las entradas de cine y conciertos? Sin duda que a los amantes de estas actividades les parecerá genial, pero no hay necesidad. Quien prefiere el cine, el arte y la música ya se hace cargo de pagar sus entradas y boletos sin la necesidad del Gobierno. Los deportes no deberían ser diferentes. Entonces, ¿por qué deben ser sometidas las personas que no les gusta el deporte a pagar, mediante parte de sus impuestos, para la promoción de esas actividades?

Yo pregunto, ¿si Panamá llega al Mundial (como hincha espero que así sea) o envía muchos más atletas a las Olimpiadas, en qué afecta esto significativamente al país? ¿Acaso habrá menos pobreza, desempleo, inflación, corrupción? La respuesta clara es no.

Entiendo la premisa inicial de promover el deporte para que los jóvenes estén en las canchas y no en las calles, utilizando su tiempo libre en cosas no productivas, pero mi punto es que se puede lograr todo eso sin intervención gubernamental. Los fanáticos del deporte debemos organizarnos, como ciudadanos, y actuar para promoverlo (si es que nos interesa).

Si tanto queremos que el deporte florezca en Panamá, entonces no lo dejemos en manos del Gobierno. Seamos emprendedores y busquemos alternativas para el crecimiento de cualquier actividad que nos apasione. El resultado de la cooperación, inversión y el patrocinio de compañías, ciudadanos y organizaciones sin fines de lucro es mucho más satisfactorio y gratificante que cualquier intento estatal.

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