SALUD

Si no tienes dinero... ¡te mueres!: Blanca de Brown

Lo digo con sinceridad, yo era uno de los panameños que se preguntaba: ¿Por qué la gente se queja tanto de los servicios hospitalarios en este país? No fue hasta que experimenté una situación similar a la de los quejosos, cuando logré comprender el porqué.

Hace unos días, un familiar sufría problemas de salud y hubo que llevarlo al “Hospital del Pueblo” (aquel al que van los que no cotizan en la Caja de Seguro Social, no tienen seguro privado o no “aplican” al programa 100 a los 70).

Al llegar no había camillas disponibles, solo una silla de ruedas de madera, de quién sabe qué época. En la recepción se observaba un cuadro deprimente, con gente ensangrentada que usaba sus vestimentas como vendas, en espera de que los atendieran. Lo peor del caso era que las exprimían allí mismo, dejando el piso sucio y sin que les importara con los otros pacientes de la fila.

Cuando terminas de dar los datos, una enfermera con cara de pocos amigos evalúa si eres prioridad o no. De allí pasas a una sala más grande donde esperas que te llamen a los consultorios. En ella hay televisión con cable. El 85% de las personas que estaba allí son indigentes que pasan la noche, cómodamente acostados, gozando del confort del salón y, luego de haber descansado, pasan a los baños a asearse. No niego que sentí envidia de aquellos que tomaban su siestecita, sin preocupación alguna. En cambio, quien va en busca de atención médica se pasa en vela y muy pendiente de cuando lo llaman, porque el ruido del televisor apenas permite escuchar el altoparlante. Cuando, por fin te llaman, entonces te mandan a hacer unos exámenes que hay que pagar inmediatamente para proseguir.

Del doctor y de su ayudante no tengo queja, de lo que sí me quejo es de las “siete largas horas” que demora la entrega de los benditos resultados. Los de sangre nunca llegaron, solo la radiografía.

Lo peor fue escuchar a una doctora decir: “Es costumbre que aquí los resultados demoren tantas horas” ... pero hay que volver a hacer los exámenes. En ese momento uno se pregunta, ¿por qué me hicieron perder tanto tiempo? ¿Cómo haré para conseguir dinero o ir a una clínica privada? No queda más que llamar para ver quién le cobra barato para una cita a domicilio. Aunque no lo crean, el costo de una cita a domicilio, con traslado en ambulancia, cuesta cerca de $600.00.

Dios mío, ante una situación como esta, uno reflexiona: “si no tienes dinero, ¡te mueres! ¿Tanto crecimiento económico para qué ha servido? No me quejo del progreso, sino de que aún nuestros gobernantes no han aprendido a identificar cuáles son nuestras verdaderas prioridades. Le dan preferencia a las apariencias, pero no a las verdaderas necesidades del panameño, de aquel que tiene poco y que necesita mucho.

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