EQUIDAD Y PARTICIPACIÓN FEMENINA

Nueve a cero, goleada en la Corte: María Roquebert León

Mi primera opción fue titular este artículo “Nueve a cero, suspendido el partido por marcador abultado en la Corte”. Sería más adecuado por ser el béisbol el deporte de mayor tradición y arraigo en Panamá, con todas esas reglas complejas (a veces incomprensibles) y la pasión que despierta por las estadísticas de temporada. Se ajusta mejor para explicar lo inexplicable: el actual marcador en la Corte Suprema de Justicia de nueve magistrados, cero magistradas.

Pero como se requiere de 10 carreras o más de diferencia para suspender un partido, no puedo usar ese título hasta tanto se impongan las designaciones de la exhumada y renacida Sala Quinta Constitucional por una Asamblea Nacional controlada por el poder ejecutivo. En todo caso, creo que con una “goleada en la Corte” podemos entendernos y estamos en sintonía con el nuevo favorito del deporte nacional.

Como podrán imaginar, esto no va de deportes, sino de equidad. Repasando los números de todas las series y temporadas, el récord de desigualdad de género en nuestro Panamá es de vergüenza. Desde hace dos años, nueve magistrados, cero magistradas es el marcador en la Corte. Hoy, con la ratificación y próxima toma de posesión de los dos nuevos magistrados, seguirá siendo el mismo de una temporada más.

Desde 1985, la representación de las mujeres alcanzaba una o dos magistradas. Hoy es nula. De hecho, en toda la era republicana solo cinco abogadas llegaron a la máxima instancia del poder judicial como magistradas principales: Marisol Reyes de Vásquez, Aura Emérita Guerra de Villalaz, Graciela Dixon, Mirtza Aguilera de Franceschi y Esmeralda Arosemena de Troitiño. Y, por un breve período en la Sala Quinta, Mariblanca Staff.

Podemos tomar la foto en panorámica y observar que se repite la goleada en todos los poderes, ámbitos e instancias, públicas y privadas. Una sola mujer como presidenta de la República, Mireya Moscoso. Una procuradora general de Nación, Ana Matilde Gómez, a quien despojaron de su cargo de la manera más artera. Dos mujeres en el cargo de procuradora general de la Administración, Aura Feraud y Alma Montenegro de Fletcher. Una sola mujer presidenta de la Asamblea Nacional, Balbina Herrera. Actualmente, solo seis mujeres diputadas de 71 curules. Por primera vez, una mujer ocupa el cargo de contralora general de la República, Gioconda Torres de Bianchini.

En la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, fundada en 1915, cero presidentas. En la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa, una presidenta en la década de 1980, Victoria Figge. En la Autoridad del Canal de Panamá, cero mujeres en la junta directiva y un sola mujer en cargo ejecutivo superior, Ana María de Chiquilani.

La lista es más larga y la pregunta es sencilla. ¿En serio somos iguales?

No me extrañaría escuchar más de los mismos argumentos que surgen cada vez que se plantea el debate sobre la equidad de género y la participación de las mujeres. “No es correcto aprovecharse del sexo para obtener un cargo”, o bien, “en democracia, debe ser el mérito profesional el determinante para ocupar cargos”. No faltará quien diga que “las mujeres no quieren participar” y alguna persona muy osada dirá que “no hay suficientes mujeres profesionales”.

Pues una noticia, en 20 años (1990-2010) se han otorgado en Panamá 12 mil 574 idoneidades para abogados y abogadas. De ese total, 6 mil 871 son mujeres y 5 mil 703 hombres. ¿En serio alguien puede creer que no existía una sola abogada en todo el país con méritos para ocupar el cargo de magistrada de la Corte Suprema de Justicia?

Clara González, la primera mujer abogada de Panamá, se graduó en el año 1922 y no pudo ejercer su profesión hasta 1925, porque no estaba permitido a las mujeres. Tuvo que esperar y reclamar su derecho. Los hombres podían votar desde 1904; las mujeres hasta 1941. Tuvieron que esperar, organizarse y reclamar su derecho.

Las mujeres no somos una minoría, sino la mitad de la población del país. Las reglas del juego no funcionan y tienen que cambiar. La paridad política en las reformas al Código Electoral está pendiente de discusión en la Asamblea Nacional y debe ser aprobada. Los mecanismos de acción afirmativa que se discuten en las propuestas de reformas constitucionales para dar soporte real al principio de igualdad de oportunidades, deben ser apoyadas. No esperemos más. Estas son oportunidades para fortalecer nuestra democracia. Y sin las mujeres la democracia está incompleta.

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