TOMA DE DECISIONES

La indiferencia de los buenos: Oreste Del Río Sandoval

Nuestra vida consiste en una permanente toma de decisiones. Cada día, elegimos levantarnos de la cama (o no) para encarar la jornada; elegimos un camino hacia nuestro trabajo, nuestro lugar de estudios, o el destino que tengamos; y así continuamos en una sucesión de “decisiones”, como bien dice en la letra de su canción el maestro Rubén Blades.

Cada una de estas decisiones conlleva un resultado, a veces previsible, y en otros casos no tanto, sea negativa o positivamente. De todas formas, ese poder de decisión procede de una alta dosis de libertad individual. Quien goza de mayor libertad tiene, por ello, un mayor poder a la hora de tomar decisiones.

Independientemente de nuestra libertad, hay un conjunto de personas que elige no tomar ninguna decisión, ser indiferentes a la realidad que los rodea, y dejarse llevar (en el mejor de los casos), por lo que opina una mayoría, y en el peor, caer en la inacción absoluta.

Ese último tipo de personas ha existido a lo largo de la historia, desde tiempos inmemoriales. Todos conocemos la historia de Poncio Pilato, y su indiferencia ante la injusta condena de Jesús, delegando la responsabilidad en el pueblo, quien finalmente elige liberar a Barrabás. Los indiferentes también tienen su lugar en la literatura clásica, de la mano de Dante Alighieri, quien en su canto tercero de la Divina Comedia describe una zona anterior al infierno, en donde quienes vivieron sin infamia y sin honor eran condenados a vagar eternamente detrás de un estandarte en blanco, símbolo de su posición indiferente; rechazados aun por los diablos que reinan en el infierno. Tal es el desprecio que generan en el poeta florentino, que Virgilio, su guía en el extenso periplo por el infierno, purgatorio y paraíso, le aconseja pasar por su lado sin siquiera dirigirles la mirada.

Más cerca en el tiempo, Antonio Gramsci, el célebre pensador marxista, publicó un escrito en 1917 que comienza con la siguiente frase: “Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes”.

A pesar de considerarme lejano al pensamiento marxista y gramsciano, siempre he encontrado una gran inspiración en las palabras del pensador italiano para la acción política. Los actores políticos estamos obligados, mandados a tomar una posición determinada. Esto es independiente de si esa posición contraviene o no a una mayoría, sino que debe ser producto de la convicción y de nuestros principios más queridos.

Mañana, nuestra hermana República Bolivariana de Venezuela celebrará elecciones legislativas, en medio de un clima que se presenta inestable y con altos niveles de intolerancia y confrontación. Espero que el resultado sea acatado por todos los actores que participen del proceso, y que este marque el camino del retorno de ese pueblo a la normalidad institucional, al imperio de la democracia y al fin de la confrontación y el autoritarismo. Y sobre todo, espero que la indiferencia no se apodere de la mente de los buenos.

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