DESASTRES NATURALES

De mareas y mareados: Rolando Anguizola B

En estos últimos días los panameños hemos descubierto los aguajes…¿se han puesto de moda? Durante millones de años las mareas se han replicado idénticas en períodos exactos, conforme a los dictados de la madre naturaleza. Así, por ejemplo, la que se produzca hoy repetirá exacta cada 18 años y 11 días hasta el fin de los tiempos. En los 29 días del mes lunar los ciclos de mareas son: dos altas, una intermedia y un aguaje, coincidiendo con la luna llena.

Durante los últimos meses, las hemos tenido el 6 de julio, el 3 de agosto, el 1 de septiembre y el 30 de septiembre. Esta última con 18.9 pies, la más alta del año, y como es de esperar provocó avanzadas del mar y daños en algunas viviendas de Puerto Caimito y Playa Leona, Farallón, Río Hato y otros poblados, donde los los marineros y pescadores no son extraños a estos problemas, porque han construido sobre la playa, literalmente.

El movimiento de flujo y reflujo de los océanos es un fenómeno natural, ocasionado por el movimiento y atracción de los astros, sobre todo, del Sol y la Luna. Si bien los astros tienen principal incidencia en las mareas, también influyen otros fenómenos, como el magnetismo, las corrientes, la viscosidad y densidad del agua, la presión atmosférica, la conformación abierta o cerrada de la costa y la morfología del fondo submarino. Por lo tanto, el Pacífico tiende a producir significativos cambios en el nivel de las aguas, en tanto que el Atlántico, en Bocas del Toro, Colón y Guna Yala, pierde su jerarquía oceánica y se transforma en mar Caribe, confinado por las islas de las Antillas Mayores y Menores.

El peor daño de las últimas semanas se ha producido tierra adentro, debido a los derrumbes de laderas y a las inundaciones, fenómenos que rellenan horas de los noticieros para mostrar la tragedia de aquellas familias que pierden enseres y casas y hasta la vida. Igual que en las playas, las personas que construyen sus viviendas en terrenos peligrosos saben a lo que se exponen y, con frecuencia, sufren pérdidas lamentables, conscientes del peligro mas no tienen otra opción, por carecer de recursos económicos. Acompaña al incauto la desidia de Gobiernos que, por unos dólares más, hacen de la vista gorda.

Tal fue el caso de las inundaciones que ocurrieron en el año 2004 en la urbanización Prados del Este, del corregimiento de Juan Díaz. En aquella ocasión murieron 16 panameños, hubo mil 400 damnificados y 281 casas quedaron destruidas.

Ocurrirán otras tragedias similares, porque sobre terrenos inapropiados se han construido miles de viviendas, tanto en tierra adentro, como a la orilla del mar. Hay que rogar para que el próximo año, antes de que empiece la temporada lluviosa, las autoridades (de una cosa que llaman “fuerza de tarea”) se pongan las pilas y destruyan rellenos, zanjas y demás obstáculos ilegales; draguen los ríos, quebradas y canales; retiren escombros de las alcantarillas, etc., y no esperen a que estemos de lodo hasta la coronilla.

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