PREVISIONES

Conjeturas políticas: Bertilo Mejía Ortega

Faltan cuatro años para las elecciones de mayo de 2019. Pareciera lejos, pero no, el tiempo transcurre a velocidad y ya nos veremos frente a un nuevo torneo electoral. A la vista está que los políticos tradicionales ya hacen calistenia, particularmente Cambio Democrático (CD), que, gracias a las elecciones parciales que se realizan sigue haciendo proselitismo tras la derrota sufrida a nivel de la candidatura presidencial. El Partido Revolucionario Democrático (PRD) también ha acomodado sus cuadros con miras a su presente y al inmediato futuro, y lo mismo han hecho los demás colectivos.

Lo que no es fácil predecir es cuál será el escenario de la campaña venidera y esto, indiscutiblemente, lo determinarán las circunstancias. Sin embargo, basándonos en la tradición electoral en democracia, lo más seguro es que los partidos gobernantes: el Panameñista y el Popular, sufran el natural desgaste que desde el gobierno revierte a las estructuras partidarias, por razones obvias. El electorado, incluso, ha dado muestras fehacientes de que apuesta a la alternancia en el poder, lo que inspira esperanzas en la disidencia.

Esta realidad nos permite auscultar la posibilidad de que la oposición vuelva al poder, lo que significa que los partidos PRD y CD, que hacen la principal fuerza opositora, busquen la Presidencia en el torneo venidero. Es cierto que han sido desplazados por la voluntad popular en una especie de castigo por no haber correspondido a las expectativas de sus adherentes y de los ciudadanos en términos generales, pero es cierto también que en el torbellino electoral, a falta de alternativas potables, el elector se inclina por quien más promesas y propaganda haga en función de aspirante.

Los propios líderes políticos saben que si manipulan a la opinión pública, con insistente publicidad, llegan al solio presidencial no importa cuántos millones tenga que aportar la clase económicamente dominante, que es la que se alterna en el poder, diferenciada solo por los colores del partido o partidos postulantes. Tampoco interesa cuánta falacia se exhiba en los llamados planes de gobierno. Saben que el ciudadano panameño es olvidadizo y que los errores cometidos, desde el poder pasan al olvido en tiempo récord, y que el elector elige con base a dádivas, no con plena conciencia.

Eso lo saben los del PRD, en cuyo gobierno se originaron las partidas circuitales, y los de CD, quienes las utilizaron a su máxima expresión, al destinar sumas millonarias desde el cuestionado Programa de Ayuda Nacional (PAN), caja ampulosa de la depredación gubernamental.

Por todas estas razones, la búsqueda del poder estará revestida de lascivia burocrática, envuelta en sumas millonarias para la efímera y coyuntural canonjía, destinada a las almas débiles y al oportunismo cultivado en los sectores sociales más vulnerables que hacen rédito electoral por la estufa, la refrigeradora, la matrícula estudiantil, la secadora, el televisor y otras regalías que, con dinero del Estado o de particulares, extienden con “derecho” al agradecimiento y al secuestro de la voluntad del destinatario.

En el tinglado estarán CD contra PRD, o quizás CD y PRD unidos, si los cordoncitos invisibles siguen atados a intereses muy parecidos entre los más conspicuos dirigentes, lo que les garantizaría una victoria indiscutible, pero no tan promisoria para la búsqueda del adecentamiento de la administración pública, del robustecimiento de la institucionalidad y de la paz social. Máxime, si no llegamos a contar con una nueva Constitución, que erradique los vicios que explotan los gobernantes en detrimento de la honestidad, pulcritud administrativa, decencia y el imperio de la ley. Los ejercicios de reconstrucción ética que se hayan hecho tendrán infeliz final y la espiral de revanchismo podría emerger con consecuencias impredecibles.

La única forma de variar este futuro a priori visualizado, sería la búsqueda de una candidatura independiente para la Presidencia de la República, que nos conduzca a la negación del poder a los pillos y saqueadores del erario, a los parásitos de Estado y a la clase acostumbrada a retener el poder para satisfacer sus muy particulares apetitos. Y para esa candidatura sí se nos agota el tiempo. Cuatros años resultan pocos para organizar las comunidades de base, catequizar al ciudadano hacia la conveniencia de un gobierno diferente y contar con todos los cuadros indispensables para enfrentar en las urnas a los plutócratas. La otra dificultad estaría en el candidato o candidata, porque a nuestro juicio debe ser un civilista, un ciudadano honesto, probo, equilibrado y demócrata consumado. Solo así salvaríamos al país de las garras de la plutocracia insaciable, insensible y apátrida. ¡Ojo panameños y panameñas!

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