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SEMBLANZAS AGUADULCEÑAS

El proyecto educativo: Mari Loli Delvalle

El proyecto educativo: Mari Loli Delvalle El proyecto educativo: Mari Loli Delvalle
El proyecto educativo: Mari Loli Delvalle

Hace unos 15 años, en El Cristo de Aguadulce, a la sombra de un frondoso mango al atardecer, bajo un único foco que colgaba de ese magnífico árbol, y en un círculo de taburetes, conversábamos en grupo al mejor estilo del realismo mágico de Gabriel García Márquez. Corría el mes de enero, con la brisa y el hollín de las chimeneas de los ingenios y el polvo del verano acompañando el coloquio entre amigos, con chicha endulzada con raspadura, y perros y gallinas alrededor. El interiorano tiene la chispa de reírse de sí mismo, pero siempre listo para aprender y mejorar. En ese entonces contaban que en la capital los malls con escaleras eléctricas les causaban a unos cuantos la tensión de la modernidad, y allí, con la gracia del locutor, concluí que se puede ser afortunado a pesar de la realidad. Fue entonces –y fui testigo– que gracias a la contribución de Luchi Dutari del terreno, y a la tenacidad de Yolanda Malek, aunada a la voluntad de quienes creen en la educación, abrió la extensión en Aguadulce de la Universidad de Panamá (UP). ¿Qué dirán ahora, sabiendo que no solo tienen universidad, sino maestrías en inglés y a aguadulceños en intercambio en Canadá y Estados Unidos?

Hace poco lo visité y descubrí que del pueblo de puertas abiertas y vecinos que caminaban y conversaban poco queda ya. La violencia y el pandillerismo han recluido a la gente dentro de sus casas y, sin embargo, sería canalla decir que Aguadulce es un pueblo de ladrones y pandilleros, ¿o no?

Elecciones aparte, respetando la opinión de quien piense que son muchos años al frente de la institución para un rector, y ante la duda de otros de que corriendo pudiera triunfar, se ha unido un grupo, con saña y bajeza, para destruir al rector, al profesorado y a la universidad. El grupo que hoy condena no conoce pudor, pues solo ayer formaba parte de la institución. A través de las redes que manipulan la opinión se critica y especula con fines politiqueros, afectando y satanizando obras e instituciones. El desarrollo de la ciudad hospitalaria, el sistema bancario, la Corte Suprema de Justicia y la UP están bajo la misma barra enardecida, y ninguno escapa a la sospecha y condena por corrupción sin haber mediado juicio anterior. Queremos justicia y nos falta ser justos. El sacrificado siempre será el más necesitado. La justicia se administra con ética y honradez, no puede ser influenciada por los bochinches de quienes tienen un propósito ulterior, ese abuso aletarga y colapsa la ejecución.

De la UP se cacarea su falta de prestigio, la mediocridad de sus egresados, se demerita al profesorado, la labor evaluadora, que no hay investigación, los rankings mundiales, y que no se salva de la “corrupción”. Quizás, la cotidianidad y la indiferencia sean culpables de que miles de egresados no defiendan ni ayuden a la institución que les dio una oportunidad.

Con $27.50 se paga la matrícula y con 50 centavos una comida en la cafetería. Sí, con esas monedas que a algunos les pesan en el bolsillo compran almuerzo o cena los alumnos. En el plato hay arroz, pollo, frijoles, plátanos… Muchos de esos alimentos los produce la Facultad de Agronomía en sus esfuerzos de autosostenibilidad. ¿Y todo esto no es otra gran oportunidad? Me contó una señora en Kuna Nega, cerca del cerro Patacón, que ella había llegado una década atrás desde Santa Fe de Veraguas y que se dedicaba al cultivo, “pero no le daba”. Trajo a su nieto a estudiar a la capital; quería para él un destino mejor. Ella nunca regresó. Gracias a que ahora la UP tiene presencia en todas las provincias, educando y enseñando a la gente de comunidades tan distantes como Kankintú o Narganá, la calidad de vida de muchos ha mejorado y evita que todo el que quiera estudiar abandone casa y familia, lo que previene aglomeraciones desordenadas que solo traen pobreza a la nación.

Panamá es un país privilegiado, con una floreciente clase media que nos da paz, y es la UP la que, con esfuerzo y tesón, lo logró. La “universidad popular” forjadora de más de 270 mil egresados, posee 19 facultades, 10 centros regionales, 2 extensiones, 32 programas anexos, 13 institutos y 7 centros de investigación en cada uno de los rincones del país. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Se exhibe la situación de las fachadas de los edificios, pero no se repara en los estudios de la Facultad de Comunicación; se ventila la falta de papel higiénico, pero no de los cubículos y clínicas de la Facultad de Odontología; dicen que no hay investigación, pero no le dan cobertura al descubrimiento de la vacuna del tórsalo; dicen que son incultos y mediocres, pero desconocen las dignas representaciones al mejor nivel musical y artístico de su digna producción. Temperatura, sismología, alertas de tsunami, estudios de agua y ambiente, laboratorios de medicinas, y así sigue la lista sin acabar.

Recordemos que cada vez que vamos al doctor ponemos nuestra vida y la de nuestros hijos en manos de un egresado de la UP. Igual que la enfermera, el farmacéutico, abogado, ingeniero o el arquitecto, todos ellos y muchos más. La UP ha transformado la vida del pueblo con un presupuesto en el que el 93% se utiliza en el pago de planillas, servicios y mantenimiento, y el 7% restante se destina a la investigación y el desarrollo, nuevas obras y al mantenimiento de 262 edificios y sus infraestructuras. García Márquez escribiría “La Universidad no tiene quién le escriba”, porque a falta de presupuesto, la realidad parece obra de magia y fantasía. Falta mucho por hacer, se necesita pasión y voluntad, y solo el tiempo dirá.

Aguadulce sigue siendo la tierra de la sal y el azúcar, de gente noble y buena; así como la UP ha sido, es y será la forjadora de panameños educados con esfuerzo, que les ofrece oportunidades. ¡La universidad de todos y para todos en Panamá! De nuestra actitud depende la realidad. Queremos salud, educación, justicia y una universidad de Primer Mundo, pero con politiquería de Tercer Mundo. Criticamos y no participamos. Yo le propongo a la comunidad que apoyemos la justicia, salud, educación y la libertad. Informémonos mejor, pues para tener criterio y opinión no basta con ver televisión. Yo fui, visité y pregunté. Y esto es parte de lo que vi, oí y analicé. “Cuando la voz de un enemigo acusa, el silencio de un amigo condena”. Anónimo.

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