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Lo que queda del PRD: Antonio Saldaña

El 7 de marzo de 1979 se inscribieron formalmente en el partido del proceso revolucionario torrijista –Partido Revolucionario Democrático (PRD)– más de 150 mil panameños, hombres y mujeres de todas las edades, condición social y pensamientos filosóficos, unidos por un solo ideal: Preservar las conquistas sociales alcanzadas y avanzar en el proyecto de nación libre, soberana y democrática, legado indiscutible del general Omar Torrijos.

¿Qué hizo este hombre diferente a otros mandatarios en materia de conducción del Estado? Sencillo: modernizó el Estado panameño. De una entelequia de democracia pasamos a ser un Estado nacional inclusivo. De un Estado mediatizado en su soberanía, independencia y autodeterminación, logramos barrer de nuestro suelo istmeño los últimos resabios del colonialismo. Pero, sobre todo, propició la más amplia participación política –en la mejor acepción de la palabra, esto es, en la conducción del Estado– de los excluidos y marginados del poder.

Hoy, 33 años después, el otrora glorioso PRD, un partido sin dueños, es únicamente recuerdo y nostalgia, por supuesto, no solo para los torrijistas, sino para una importante porción de la población nacional. De cavar la tumba del partido de Omar se encargaron el hijo del general y su padre putativo. En efecto, “en 1994, la maquinaria electorera del Toro “dobló y torció brazos” para imponer candidatos a legisladores, caracterizados por la genuflexión y proclives a su agenda personal, contraria a la doctrina social democrática y las prácticas torrijistas del PRD.

Ya en el poder, contando con una amplia mayoría en la Asamblea, hizo uso indiscriminado de las facultades extraordinarias que le concede al Órgano Ejecutivo el numeral 16 del artículo 159, de la Constitución Política para legislar a través de decretos–ley. De esta manera privatizó el IRHE, Intel, los Casinos Nacionales y negoció el contrato de los corredores viales Norte y Sur, los más leoninos de la historia de la República, solo comparables con el tratado del Canal de 1903, que “ningún panameño firmó”.

Durante la gestión del hijo de Omar, con una personalidad más comedida (“Tira la piedra y esconde la mano”), su entorno inmediato estuvo compuesto de facinerosos políticos y “amigos del poder”, cuyo único propósito fue el enriquecimiento personal por cuenta del Estado”. (Opinión de La Prensa 9/9/2011). De manera que hay un océano de diferencia entre el legado de Omar y la vagabundería de sus sucesores, por eso, este domingo 11 de marzo, ellos y los continuadores de la liquidación del torrijismo irán a Santiago de Veraguas a “celebrar” por lo que queda del PRD: una comparsa de la oligarquía. ¡Así de sencilla es la cosa!

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