MALAS PRÁCTICAS

La sequía de Azuero: Irving Díaz H.

Por décadas, distintas generaciones de panameños han reconocido que nuestra relación con la naturaleza no ha sido sostenible. Hemos sido testigos del desmesurado crecimiento de la población nacional y mundial, de la crisis financiera global, de los impactos ambientales, tales como los accidentes nucleares, y el uso de combustibles fósiles que agravan las consecuencias negativas del cambio climático y la deforestación mundial y nacional.

Los patrones de producción ganadera, agrícola y forestal, el uso del agua y de la energía y su consumo indiscriminado en Panamá no son sostenibles. La generación de desperdicios y sustancias tóxicas que contaminan las aguas y el aire que respiramos han excedido la capacidad de asimilación de los ecosistemas naturales.

La deforestación indiscriminada ha sido practicada por décadas, no importa si se trata de bosques naturales en suelos no aptos para la agricultura y la ganadería o si se trata de humedales y manglares. Estas prácticas han exacerbado la escasez de agua para usos importantes, tales como la disposición para consumo humano y para la producción de alimentos bajo riego por goteo.

La expansión urbana se ha realizado de forma desordenada en suelos agrícolas muy escasos en el país y en áreas inundables. A pesar de nuestro crecimiento económico, todavía existe una proporción muy alta de gente pobre obligada a destruir los bosques, la biodiversidad y a degradar los suelos y la contaminación de las aguas para sobrevivir, aplicando métodos que se remontan a la época colonial, en gran parte debido a una baja calidad de la educación y falta de control estatal.

Es necesario poner de relieve el riesgo meteorológico que ha sido señalado por los entendidos y que tiene relación con la sequía que ha estado azotando al país y cuya duración se proyecta para el primer semestre de 2016.

Esta situación recuerda la sequía de 1997-1998 con serias afectaciones a la ganadería, la agricultura y a la navegación en el Canal de Panamá. No cabe duda de que será necesario diagnosticar apropiadamente este riesgo en sus afectaciones a la disponibilidad de agua potable, la agricultura y el turismo para considerar las posibles normas legales dirigidas a incentivar acciones que aseguren estas necesidades básicas de consumo.

Por estas condiciones es necesario redefinir nuestras prioridades como nación. Se trata de un momento oportuno para dialogar y debatir, con un sentido de cooperación, coordinación y solidaridad humana sobre estos temas de sobrevivencia que apuntan en dirección al futuro de la sostenibilidad ambiental, social, institucional y económica de país.

Panamá tiene un problema de agua en épocas críticas, acentuado por el cambio climático, el continuo crecimiento de la población, su concentración en el área de las rutas y el derroche en el consumo per cápita de agua.

Se requiere priorizar el desarrollo de la agricultura, un cambio institucional y mucha mística para garantizar la concentración y eficiencia en la ejecución de los programas y proyectos orientados al almacenamiento del agua y a la rehabilitación de cuencas hidrográficas.

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