INSTITUCIONALIDAD DEMOCRÁTICA

¿Estamos viviendo una peligrosa crisis de Estado?: I. Roberto Eisenmann, Jr.

La edad madura permite mirar con mayor distancia las cosas que ocurren en este país nuestro, que tanto queremos. No nos ocupamos de las batallas pequeñas del día a día que no tendrán consecuencia histórica alguna. Nuestra mirada siempre está enfocada en “el cuadro grande”, en el bosque, no en los árboles.

En ese afán, nuestro deseo es que todo presidente, cualquiera sea su nombre o partido, tenga éxito en su gestión por el bien del país y el de todos los hombres y mujeres que lo habitamos, sobre todo los más vulnerables.

En este mirar, en este observar sin agenda de interés propia, sentimos el derecho y la obligación de señalar lo que consideramos errores y, sobre todo, cuando esos errores pasan a constituir una crisis seria que pueda poner en peligro toda la gestión de un gobierno todavía en sus inicios, que llega a involucrar negativamente a todos los principales órganos del Estado, poniendo en peligro la institucionalidad democrática.

Primero, una descripción de nuestra visión del gobierno actual, a la luz de comentarios continuos que se escuchan por doquier. El presidente Varela no es “la misma vaina” que Martinelli. Este último –ya sabemos– llegó a la Presidencia a instalar una red criminal bajo su personal dirección, con la intención de robar todo lo que fuera posible y a perpetuarse en el poder. El presidente Varela (quien no contó con mi voto) es otra cosa. Sus intenciones son buenas… su vocación social es genuina y su convicción democrática es profunda. Su estilo es cuerdo y prudente (quizás más prudente de lo que quisiéramos), pero es preferible al de un loco ladrón que tenía al país en sobresalto diario.

En su quehacer diario puede parecer lento, comparado con la locura anterior, pero no llegó a la Presidencia a robar. Dicho esto, es importante señalar que ello no significa que aceptaremos violaciones a la ley (ejemplo, división de materia) ni a favorecer a amigos aunque sea con “buenas intenciones”.

Varela gana la Presidencia en forma sorpresiva con una plataforma política basada en que iba a gobernar con honestidad y transparencia. El pueblo lo favoreció con su voto, lo que significó un rechazo a la ladronería de sus fondos, y a la vez una ilusión por ese programa de honestidad y transparencia de Varela.

El Presidente, como todos, podrá cometer errores entre sus aciertos. Lo que no puede hacer es podar radicalmente la ilusión de su plataforma de victoria electoral, porque esto lo condenaría a la ineficacia como gobernante en los 3-1/2 años que le faltan de gestión.

El error del arreglo con los dos nuevos magistrados que se fraguó en Palacio, de proponer y votar la reelección de Ayú Prado como presidente de la Corte Suprema de Justicia, en un solo acto resquebrajó totalmente la plataforma política de su victoria electoral, dejando a la población en shock, con indignación y rabia, y produciendo el comentario desilusionante general de que “resultó ser la misma vaina”.

¡No es la misma vaina!... pero aquello de la separación de poderes -base de la democracia- resultó visiblemente un cuento, produciendo un resquebrajamiento de su credibilidad como gobernante, lo que constituye una verdadera tragedia para el país.

A la vez, la Corte Suprema, que ya venía maltrecha, perdió totalmente la legitimidad, sin hablar de los nuevos magistrados “independientes”, quienes en su primer acto se le “echaron” al Presidente y anularon su credibilidad totalmente… y para siempre.

La Asamblea Nacional, en cuyas manos está resolver las denuncias contra los nueve magistrados (los que no tienen denuncias pronto las tendrán), inició su proceso en la Comisión de Credenciales, esquivando el bulto en forma irresponsable.

Conclusión: están en crisis la credibilidad del Presidente y su gobierno (el Órgano Ejecutivo), la Corte Suprema de Justicia (el Órgano Judicial) y la Asamblea Nacional (el Órgano Legislativo)…¡los tres órganos primarios del Estado democrático!

Por eso digo que los panameños estamos viviendo una peligrosa crisis de Estado. La solución solo puede estar en un dramático golpe de timón dado por el Presidente, con consecuencias en la Asamblea (ya lo hicieron con Moncada), y una limpieza total de la Corte, el despido del director de la Dirección de Asistencia Social y el cierre de esta institución, así como una declaración presidencial fuerte en el sentido de que frente a cualquier violación a la ley –por más buenas intenciones que se puedan tener– habrá una tolerancia cero de parte suya.

¡Y que no me vengan ahora con que la solución a la crisis es la constituyente!

¿De cuándo acá una ley (incluso la fundamental) convierte a los corruptos en honrados? Eso solo adicionaría al caos, ya que significaría que tendremos a los pillos redactando constituciones. Por algo el fugitivo líder de Cambio Democrático ahora grita “¡Constituyente, ya!”.

Presidente, ¡por favor, reconozca la crisis y actúe con contundencia para resolverla! El país, y además usted, se lo merecen.

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