BRASIL

Corte mantiene a Calheiros en la presidencia del Senado

El gobierno de Michel Temer cuenta con el apoyo de Calheiros para concluir una gran reforma de ajuste fiscal.

Temas:

Renán Calheiros, presidente del Senado brasileño, abandona su oficina en la sede del legislativo. La Corte Suprema de Brasil voto a favor de mantenerlo en su puesto. Renán Calheiros, presidente del Senado brasileño, abandona su oficina en la sede del legislativo. La Corte Suprema de Brasil voto a favor de mantenerlo en su puesto.
Renán Calheiros, presidente del Senado brasileño, abandona su oficina en la sede del legislativo. La Corte Suprema de Brasil voto a favor de mantenerlo en su puesto. Eraldo Peres

La Corte Suprema de Brasil mantuvo ayer en su cargo al presidente del Senado, Renán Calheiros, acusado de corrupción, desactivando una escalada de tensión entre poderes que amenazaba los planes de ajuste fiscal del presidente Michel Temer.

Por seis votos contra tres, el Supremo Tribunal Federal (STF) decidió que Calheiros puede mantener su cargo -contrariamente a lo ordenado la víspera por uno de sus jueces- pero lo excluyó de la línea de sucesión presidencial, por estar procesado.

Esto supone un alivio para el gobierno conservador de Temer, que cuenta con el apoyo de Calheiros para concluir la semana próxima su primera gran reforma de ajuste fiscal.

El juez Marco Aurelio Mello había ordenado el lunes suspender al legislador de 61 años de su cargo, a pedido de un partido de la oposición, que alegaba que una persona confrontada a un proceso judicial, como Calheiros, no podría mantenerse en la línea de sucesión presidencial.

Los seis jueces vencedores concordaron con este último punto, pero defendieron, en nombre de la armonía entre los poderes, que no es necesario despojarlo del comando de la cámara alta para quitarlo de la línea sucesoria.

Con esta decisión, los magistrados “buscaron cumplir su papel institucional de atenuar (la crisis)”, al percibir que con la decisión del juez Mello, la corte “se estaba convirtiendo en la causante de la crisis, de la inestabilidad”, opinó Michael Freitas Mohallem, profesor de derecho y politólogo de la Fundación Getulio Vargas, de Río de Janeiro.

El hecho de que lo excluyan de la línea sucesoria es “simbólico” y no tendrá efectos prácticos, consideró Mohallem, ya que restan pocos días al mandato de Calheiros al frente del Senado, y las probabilidades de que deba sustituir al presidente de la República son prácticamente nulas.

Calheiros salió así apaleado pero salvó su pellejo en el último de los desafíos de una carrera marcada por alianzas heteróclitas, denuncias de corrupción y escándalos de folletín.

PRONTUARIO

Calheiros, de 61 años, oriundo del paupérrimo y patriarcal estado nordestino de Alagoas, había sido inculpado la semana pasada de malversación de fondos públicos.

El senador, según la acusación, usaba el dinero pagado por el lobista de una constructora para pagar la pensión alimenticia de una hija nacida de una relación extraconyugal.

A cambio, la empresa obtenía enmiendas legislativas favorables a su negocio.

La causa se arrastraba desde 2007 y fue la primera admitida de una docena que se acumulan en su contra, muchas de ellas relacionadas con el gigantesco escándalo de corrupción de Petrobras.

El asunto de las pensiones alimenticias le había obligado a renunciar a la presidencia del Senado en 2007.

El escándalo se convirtió en un verdadero folletín cuando la madre de su hija, una periodista, posó desnuda para la revista Playboy.

En 2013, Calheiros se vio envuelto en otro embarazoso episodio, cuando la prensa reveló que había usado un avión de la Fuerza Aérea para viajar hasta Recife (noreste) a realizarse injertos de cabello.

Nada de ello le impidió al siempre imperturbable Calheiros ser reelecto y volver a ocupar el sillón de presidente de la cámara alta.

Su primera elección como senador -un mandato que en Brasil dura ocho años- data de 1994 y la última, de 2010.

En 1998-99 fue ministro de Justicia del presidente Fernando Henrique Cardoso.

Miembro del centroderechista PMDB, el mismo partido de Temer, este hábil negociador que conoce al dedillo los corredores de Brasilia, supo volverse indispensable para gobiernos de todos los colores.

Desde su tribuna como presidente de la cámara alta le tocó encabezar los debates finales que derivaron en la destitución, en agosto pasado, de la presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), reemplazada por Temer, hasta entonces su vicepresidente.

Previamente, había sido un aliado del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), líder histórico del PT.

Logró mantenerse a flote en una era marcada por el mensalao (pago de alianzas en el Congreso por parte del PT) y por el petrolao (red de sobornos en torno a Petrobras), entre otros escándalos, pero su nombre acabó por convertirse para muchos brasileños en sinónimo de corrupción.

‘¡FORA, RENÁN¡’

El domingo, decenas de miles de personas salieron a la calle al grito de “¡Fora, Renán!”.

La gota que desbordó el vaso fue su frustrada tentativa de hacer votar a toda prisa las polémicas enmiendas que la Cámara de Diputados aprobó la semana pasada a un paquete anticorrupción, propuesto inicialmente por los fiscales del caso Petrobras.

Unas enmiendas que abrirían la posibilidad de acusar a jueces y fiscales de “abuso de autoridad”, una figura que según juristas expondría a los magistrados a ser juzgados, por ejemplo, en casos de prisiones preventivas que luego se revelasen injustificadas.

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