inauguran sede del tribunal electoral en curundú

Denuncias y abucheos en nueva casa de la democracia

El magistrado Erasmo Pinilla planteó un panorama sombrío hacia 2014, mientras que Martinelli dijo que todo eso es puro cuento.

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A la inauguración de la nueva sede del Tribunal Electoral (TE) asistieron las autoridades máximas del país. Estaban presentes Ricardo Martinelli, presidente de la República; Juan Carlos Varela, vicepresidente; monseñor José Domingo Ulloa; los magistrados del TE; varios miembros del Gabinete; José Ayú Prado, magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ); Juan Carlos Navarro y Gerardo Solís, aspirantes presidenciales y diputados oficialistas, de la oposición y personalidades electorales internacionales.

Solo faltaron Sergio Gálvez, presidente de la Asamblea Nacional, y Alejandro Moncada Luna, presidente de la CSJ. Pocas personas o casi ninguna preguntaba por Gálvez.

En cambio, sí por Moncada Luna, que es el centro del acontecer político del país por suspender la decisión del TE de impedir la emisión de la cuña publicitaria en contra del aspirante presidencial del Partido Revolucionario, Juan Carlos Navarro.

El transcurrir de la ceremonia de inauguración fue diluyendo las expectativas de los asistentes sobre el posible encuentro y apretón de manos de Erasmo Pinilla, magistrado presidente del TE, y Moncada Luna. Entonces la atención de los presentes, un total de 350 personas, se centró en los discursos de Pinilla acerca de la nueva sede y el discurrir político del país, y del presidente Martinelli y su supuesto deseo de mantenerse en el cargo una vez termine su mandato en julio de 2014.

El preámbulo

La llegada de los asistentes a la nueva casa de la democracia panameña retrató el ambiente electoral del país. El primero en aparecer fue Gerardo Solís, candidato independiente, expresidente del TE y crítico visceral de la actual administración. Solís se detuvo en las escalinatas principales de la sede, de mármol terso, flanqueadas por varias columnas griegas, custodiadas por 12 efectivos de la policía. Dijo que “el Presidente no tiene el perfil psicológico de una persona razonable capaz de cumplir el acto de la transferencia pacífica del poder”.

Se quejó de la inexistencia actual de una República, porque “no hay separación de poderes. Hago un llamado a la ciudadanía para que alcemos la voz de forma pacífica”, indicó.

Al instante se presentó Juan Carlos Navarro, de saco y corbata, y su primo Samuel Lewis Navarro, de jeans y camisa blanca. A ambos políticos los rodeó un séquito de seguidores del PRD.

El candidato saludó con un beso en la mejilla a la entrevistadora de un noticiero de televisión, y quizás por ello Lewis Navarro se aventuró a probar suerte de la misma forma. Su esfuerzo no fue en vano. “Sin democracia Panamá no enciende la paila”, dijo el candidato.

A medida que se acercaba el inicio de la velada, según pasaba la noche, subía el tono de las arengas de la gente. El blanco común fue Martinelli, y la Corte por sus ataques a la democracia. Aunque si hubiera sido posible quitar el ruido de los gritos, dejar en mute el instante, cualquiera habría pensado que esos manifestantes estaban celebrando el Carnaval anticipadamente.

Como la nueva sede es un edificio cuyo diseño se inspira en visos de la arquitectura colonial y canalera, su entrada carece de puertas y de muros. Cualquiera puede entrar, salvo que alguien de la fuerza pública lo impida. Por la parte trasera arribó la gran mayoría de los invitados.

Tras bajarse de automóviles monegascos, acompañados de escoltas sin expresión, con los gestos propios de quien está acostumbrado a los deleites de este país –salvo monseñor Ulloa y unos cuantos más–, los actores secundarios de la cita fueron desfilando hacia las sillas dispuestas para ellos delante de la mesa principal. Parecían alumnos de último año a punto de graduarse.

Llegó Juan Carlos Varela, aspirante presidencial por el panameñismo, y como siguiéndole los pasos, a un metro de distancia, Milton Henríquez, del Partido Popular (PP). El hermano de este, el ministro de la Presidencia, Roberto Henríquez, apareció con paso resuelto y prefirió abstenerse de profundizar en sus declaraciones sobre la decisión de Moncada Luna. Teresita Yanis de Arias, vicepresidenta del PP, subió a pie la rampa dispuesta para los autos, quizás consciente de la etiqueta adecuada para el momento. “Es de los hechos más graves ocurridos en los últimos años. Es un absoluto irrespeto”, declaró.

Martinelli tenía detrás suyo al incondicional Luis Eduardo Camacho, secretario de Comunicación. El mandatario evitó los flashes de los medios de comunicación, los saludos políticos y fraternales, y prefirió las escaleras que llevaban a la mesa de la tarima principal. Allí se encontraban, en estricto orden, monseñor Ulloa; el magistrado del TE, Eduardo Valdés Escoffery; Ricardo Martinelli y los otros magistrados del máximo órgano electoral, Erasmo Pinilla, Heriberto Araúz y Fausto Hernández, presidente del cuerpo de delegados electorales

El discurso de Pinilla se sintetiza en esta frase: “Nunca antes he sentido, tan amenazante, la incertidumbre política; ni siquiera en las postrimerías de la década del 60, cuando los militares se colaron por la grieta social que abrieron los políticos de entonces. Y todos sabemos que igual que para los militares de aquella época, hoy existe la tentación en la inmadurez democrática y la ambición personal”. Sonaron aplausos, en el salón y allá a lo lejos en la calle. A propósito, Roberto Eisemann, expresidente de este periódico, tuiteó que “fue una pieza de oratoria como pocas, profunda, valiente, y comprometedora con la democracia”.

Martinelli en su discurso aseguró que su gobierno “nunca le ha negado un real al TE”. Tuvo que subir el tono de su voz ante los abucheos.

Habló de crecimiento económico, de inversionistas extranjeros y de la industria del turismo. Y cerró diciendo que “mi mayor satisfacción será entregar la banda presidencial. ¡Qué gane el que tenga que ganar! Aunque tengo mi predilecto”, finalizó.

Nunca apareció Moncada Luna.

La ceremonia terminó con el corte de la cinta de inauguración y contó con la participación del vicepresidente, Juan Carlos Varela. Al rato, en el hotel TRYP by Windham, el presidente departió con los diputados Carlos Tito Afú, Manuel Cohen, Abraham Martínez y la titular de Trabajo, Alma Cortez. Bebían vodka Grey Goose.

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