Nuevas protestas contra Dilma Rousseff en Brasil

La Corte debe decidir este miércoles si mantiene o no la comisión especial elegida en la Cámara Baja para estudiar el ‘impeachment’ de Rousseff.

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Manifestantes muestran su rechazo Manifestantes muestran su rechazo

Manifestantes muestran su rechazo Foto por: Paulo Whitaker

En la avenida Paulista, miles de manifestantes exigieron la salida del poder de la exguerrillera izquierdista de 67 años. En la avenida Paulista, miles de manifestantes exigieron la salida del poder de la exguerrillera izquierdista de 67 años.

En la avenida Paulista, miles de manifestantes exigieron la salida del poder de la exguerrillera izquierdista de 67 años. Foto por: Paulo Whitaker

Miles de brasileños se volcaron a las calles ayer, por cuarta vez en el año, para exigir la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, pero sin conseguir aglutinar un apoyo masivo.

Las protestas contra la mandataria izquierdista, blanco de un procedimiento de impeachment en el Congreso por maquillar las cuentas públicas, se llevaron a cabo en 39 ciudades, según el portal G1 de Globo.

Aunque gran parte de la población está harta de la corrupción y Brasil atraviesa la peor recesión económica en décadas –la inflación supera el 10% y el desempleo crece– la protesta contra Rousseff no igualó las cifras de las anteriores, que, según la Policía, juntaron a 2.4 millones de personas el 15 de marzo y a cientos de miles el 12 de abril [701 mi] y el 16 de agosto [879 mil].

Los organizadores justifican la débil asistencia en que solo convocaron la marcha hace 15 días.

Brasileños vuelven a las calles

Miles de brasileños salieron a las calles ayer para exigir la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, pero las primeras protestas nacionales desde que se inició el proceso formal de juicio político a la líder izquierdista fueron menores a otras similares realizadas este año.

La policía no brindó estimaciones oficiales, pero canales de televisión dijeron que unas 6 mil personas se manifestaron en Sao Paulo y un número un poco menor en Río de Janeiro y Brasilia.

“Esto es solo calentamiento, habrá una gran movilización en enero”, dijo Paloma Morena, una química de 35 años en la calle más conocida de Sao Paulo, avenida Paulista.

En la avenida Atlántica, que recorre la mítica playa de Copacabana, los manifestantes portaban una inmensa bandera “verde-amarelha” con el lema “Impeachment” bordado en ella.

Pese a que los actos de protesta habían sido convocados por grupos sociales ajenos a partidos políticos, como Vem pra Rua o Movimento Brasil Livre, figuras de este ámbito, como el diputado derechista Jair Bolsonaro, también se acercaron para exigir el final del mandato de Rousseff.

En la capital fluminense llegó a darse un conato de violencia cuando diversos seguidores del oficialista Partido de los Trabajadores, que habían acudido a apoyar al gobierno, se enfrentaron a los manifestantes, aunque la Policía evitó que se produjera un altercado.

En Sao Paulo, dos grandes muñecos inflables, que parodiaban a una Dilma Rousseff enmascarada cual bandida y al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva vestido de presidiario, hicieron las delicias de los manifestantes.

Cientos de miles tomaron las calles en agosto y hasta un millón de brasileños se manifestaron en marzo pasado. Una movilización a gran escala podría aumentar la presión sobre los legisladores para votar por una acusación contra la mandataria.

El presidente de la Cámara baja, Eduardo Cunha, abrió un proceso de juicio político contra Rousseff el 2 de diciembre, coincidiendo en que el Congreso debería considerar las acusaciones de la oposición de que Rousseff violó las leyes de presupuesto para aumentar el gasto durante su campaña de reelección en 2014.

Pero la molestia de muchos brasileños apunta también a la profundización de la recesión y a un escándalo de corrupción que involucra a varios miembros del partido de la mandataria.

“La inflación está por las nubes, el desempleo es sorprendentemente alto y no obtenemos nada por la cantidad de impuestos que pagamos”, expresó Andre Patrao, un economista de 47 años que protestaba en el lujoso barrio de Copacabana, en Río de Janeiro.

La oposición no tendría los votos para destituir a la presidenta, quien niega haber cometido alguna irregularidad en el manejo de las cuentas públicas y se ha comprometido a combatir un juicio político con todas las herramientas legales disponibles con el fin de terminar su segundo mandato.

Si una comisión parlamentaria decide llevar a cabo un juicio político, el proceso se votará en una sesión plenaria de la Cámara, donde la oposición necesita dos tercios de los votos para comenzar un juicio de impugnación de 180 días en el Senado. Durante el juicio, Rousseff sería suspendida y reemplazada por el vicepresidente Michel Temer.

El Supremo Tribunal Federal de Brasil suspendió los procedimientos de impugnación contra Rousseff hasta que revise una votación secreta por la que una comisión del Congreso que investiga a la mandataria quedó conformada principalmente por opositores.

Mientras tanto Cunha, un exaliado de Rousseff, enfrenta cargos formales por aparentemente recibir sobornos, en medio de un grave escándalo de corrupción centrado en la petrolera estatal Petrobras.

Los grupos organizadores, algunos de los cuales llegaron a denunciar haber sido víctimas de censura en la red en los últimos días, achacaron la escasa asistencia a la falta de tiempo a la hora de convocar a los ciudadanos, pero consideraron que la convocatoria servirá para calentar motores.

Las protestas fueron también el reflejo de una parte de la sociedad brasileña, que anhela un cambio político en el país, como mostró una encuesta de la empresa demoscópica Datafolha publicada ayer por el diario Folha de Sao Paulo.

De acuerdo con esta encuesta, solo 32% de los brasileños cree que el país mejoró en los últimos 13 años, es decir, durante los sucesivos gobiernos del PT, primero con Lula da Silva (2003-2010) y luego con Rousseff.

En cuanto a la gestión del gobierno, apenas el 24% de la población valora la presidencia del actual partido gobernante como buena, frente al 40% que la califica de regular y al 35% que la considera mala o muy mala.

Los cargos a los que hace frente Rousseff se fundamentan en una serie de maniobras fiscales que el gobierno llevó a cabo en 2014 y continúo en 2015 con el fin de maquillar sus cuentas. Estas maniobras podrían llegar a ser consideradas “delitos de responsabilidad”, una de las causas que la Constitución brasileña contempla como motivo para la destitución de un mandatario.

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