[REMEMBRANZA]

Kennedy, medio siglo después

Conforme se acerca la conmemoración el 50 aniversario del asesinato de Kennedy proliferan los libros que añaden poco al debate sobre el incierto legado del enigmático presidente.
/deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/04/0_20141204VT044x.jpg /deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/04/0_20141204VT044x.jpg
/deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/04/0_20141204VT044x.jpg

Este mes, como cada noviembre, recuerdo nítidamente dónde estaba yo el día que asesinaron al presidente John F. Kennedy en Dallas, Texas, hace 50 años. No solo eso, cada vez que lo recuerdo me acuerdo también del impresionante, espontáneo y entusiasta recibimiento que millones de personas le dieron en la ciudad de México al Presidente y el delirio que su esposa provocó por su belleza, su elegancia y su desenvoltura hablando en español con sus anfitriones. Nunca antes ni después, un presidente estadounidense ha sido aclamado así por los mexicanos.

La visita era importante para ambos mandatarios. Kennedy quería presentar a México como el modelo para la Alianza para el Progreso y como la antítesis de la Cuba de Fidel Castro. Adolfo López Mateos quería demostrarle a los empresarios mexicanos que su autocaracterización como un “hombre de izquierda dentro de la Constitución” no le impedía el acercamiento a Estados Unidos y tampoco le obligaba a renunciar al coqueteo con Cuba cumpliendo con las normas tradicionales de la política exterior mexicana y al mismo tiempo haciéndole un guiño a la izquierda nacional que se le mostraba esquiva y rebelde.

Lo que yo no sabía en esa época es que un poco después de la visita de los Kennedy, Lee Harvey Oswald también visitaría México para tramitar un visado a Cuba con un aparente destino final en la Unión Soviética, una visa que de habérsele otorgado le habría salvado la vida al presidente Kennedy.

En Estados Unidos, medio siglo después del magnicidio, el legado de Kennedy sigue siendo oscurecido o magnificado, quizá por la propia dimensión de la tragedia, pero en parte también porque a pesar de que el número de libros que se han publicado desde su muerte es desproporcionado, según la editora de The New York Times, Jill Abramson, ronda los 40 mil, “ninguno de ellos es definitivo”. Según algunos historiadores, este vacío podría deberse al hecho de que el aura de “celebridad” que mantuvo Kennedy durante su presidencia ha continuado después de su muerte. Una circunstancia que ha propiciado que los historiadores más rigurosos hayan evitado tratar el tema de su presidencia de manera integral.

Otro factor que ha contaminado la historiografía de Kennedy es la idolatría. El celo secretivo de la familia Kennedy determinó que solo historiadores amigos, por ejemplo, Arthur Schlesinger Jr., el inventor del mito de Camelot en la Casa Blanca, tuvieran acceso a la información. Otro es el odio, Gary Wills y Seymour Hersh han escrito retratos poco aduladores de Kennedy que para nada reflejan la complejidad del personaje.

Kennedy fue muy querido en la comunidad negra e hispana de origen mexicano en Estados Unidos. Los afroamericanos nunca olvidaron que gracias a su intervención Martin Luther King salió de la cárcel en Georgia donde estaba sentenciado a trabajos forzados por una violación de tráfico, y le dieron todo su apoyo en la elección presidencial de 1960. Los mexicoestadounidenses se identificaban con su catolicismo, con su historial en la Segunda Guerra Mundial y les deleitaba que la primera dama hablara español, y también le dieron su apoyo electoral. En Miami, sin embargo, la comunidad cubanoestadounidense le tenía resentimiento por el fracaso en Bahía de Cochinos y le culpaba por haberlos abandonado.

De sus tres años en la presidencia hay poco que recordar. La intervención en Vietnam y la creación de los Cuerpos de Paz. Él fue quien obligó a la Unión Soviética a desmantelar las rampas de lanzamiento de cohetes capaces de destruir todo el territorio estadounidense en cuestión de minutos ganándole el pulso a Nikita Jruschov y a cambio prometió no invadir Cuba. Una acción que le recriminaron tanto los que hubieran querido que atacara la isla, destruyera las plataforma y matara a los soldados rusos y cubanos que las custodiaban, como los que le acusan de haber arriesgado una posible confrontación nuclear con los rusos y de haber consolidado a la dictadura Castrista en Cuba. Pasado el incidente y contando ahora con toda la información pertinente, para mí es evidente que Kennedy actuó con firmeza y valor pero también con cautela y eficiencia.

Esto no significa, sin embargo, que durante su presidencia, Kennedy haya dejado un gran legado. ¿No tuvo tiempo? Quizá, pero los legados no se construyen con lo que pudo haber sido y no fue sino con hechos.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

19 Nov 2017

Primer premio

8 0 5 6

CCAA

Serie: 13 Folio: 12

2o premio

9078

3er premio

3785

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código