[UN FUTURO AZAROSO]

Lo que nos espera en 2017

Malos augurios en momentos en que las provocaciones de los terroristas abonan los sentimientos de los nostálgicos nacionalistas que hoy encabezan las grandes potencias.

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Lo que nos espera en 2017

Intuir el futuro del año que recién comienza es arriesgado, aunque sabemos con certeza que será un año lleno de incertidumbres dado el afianzamiento de lo que Gideon Rachman del Financial Times llama “el nacionalismo nostálgico”. De Estados Unidos con Donald Trump, a Rusia con Vladimir Putin, en China con Xi Jinping o a Turquía con Recep Tayip Erdogan, la idea de volver a engrandecer sus respectivos países pronostica un futuro azaroso. Y si a esto le agregamos la multiplicación de actos terroristas de Afganistán a Berlín, de Irak a París, de Estambul a Bruselas o de California a Florida; el atascamiento del conflicto entre Israel y Palestina y la continuación de la guerra en Siria, el horizonte se ve complicado, turbulento y belicoso.

Históricamente los años 17 han tenido momentos de enorme tensión, ruptura, reforma o revolución. Hace 500 años, por ejemplo, un humilde monje agustino llamado Martín Lutero conmocionó el orden religioso, económico, político y social de Europa al publicar sus famosas 95 tesis denunciando la corrupción de la iglesia Católica, según dice la leyenda, en las puertas de la Iglesia Católica de Todos los Santos, en Wittenberg, Alemania. No deja de ser simbólico que fuera en Wittenberg, entonces una aldea de unas cuantas chozas construidas con arcilla y techos de heno y paja, y una universidad en la que el monje agustino obtuvo un doctorado en Teología, donde se gestara la rebelión contra una jerarquía eclesiástica instalada en el lujo de los palacios del Vaticano y el imperio de los Habsburgo, tan vasto que en él “nunca se ponía el sol”.

Dos enormes manchones laceran la reputación de este monje extraordinario, su enconado antisemitismo que le convirtió en antecedente involuntario del nazismo, y su traición a la justa rebelión campesina de 1524 que primero aprobó y después condenó justificando la represión que acabó con la vida de unos 100 mil campesinos. Pero más allá de las severas fallas del individuo y del radicalismo del cambio en cuestiones doctrinales, la enorme relevancia de Lutero fue su acercamiento a la gente sencilla privilegiando el alemán sobre el latín para comunicar su mensaje de fe. Otra contribución fundamental fue el uso de la imprenta de Gutenberg que le permitió imprimir la Biblia traducida por él al alemán y distribuirla por todos los principados que formaban la que después se convertiría en la nación alemana. Pero sobre todo hay que recordar que la revolución que Lutero inició en 1517, hoy cuenta con casi 900 millones de seguidores en todo el mundo si contamos las distintas iglesias protestantes que en mayor o menor medida se adhirieron a su doctrina.

Menos virtuosa fue la revolución que se consolidó en 1917 cuando el líder del Partido Bolchevique ruso Vladimir Ilyich Lenin encabezó el golpe de Estado contra el gobierno provisional para establecer la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas. La promesa del nuevo régimen era el establecimiento de una sociedad más humana, solidaria, igualitaria y racional que eliminaría la explotación de la clase obrera que definía al sistema capitalista. La realidad fue una nueva pesadilla semejante que prefiguraba aquella que después los nazis perfeccionarían. Desde su inicio con Lenin detrás de la máscara del humanismo altruista el Partido Comunista instaló un régimen sostenido por el terror, los juicios sumarios y los campos de concentración para subyugar al pueblo al que habían prometido liberar.

Más infortunado quizá es que este año se cumple también el primer centenario de la declaración de guerra de Estados Unidos a Alemania y su entrada a la Primera Guerra Mundial. Establecer responsabilidades y atribuir culpabilidades de la catástrofe en la que se calcula murieron unos 60 millones de personas ha sido difícil pero yo concuerdo con la tesis del historiador Clark que quienes participaron en el desastre fueron como sonámbulos cegados por el nacionalismo y la paranoia reaccionando irracionalmente ante “un balazo que se oyó por todo el mundo” disparado por un terrorista también infectado de nacionalismo.

Malos augurios en un momento histórico en el que las provocaciones de los terroristas abonan los sentimientos de los nostálgicos nacionalistas que hoy encabezan las mayores potencias mundiales.

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