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Nuestra Rosa María Britton ¡Única!

Priscilla Delgado, colega y amiga de Rosa María Britton, evoca los tiempos en que ambas trabajaron para cumplir con un proyecto inédito en Panamá: una primera feria internacional del libro en los albores del siglo XXI.

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Rosa María Britton falleció el pasado 16 de julio a los 82 años. Rosa María Britton falleció el pasado 16 de julio a los 82 años.
Rosa María Britton falleció el pasado 16 de julio a los 82 años. Archivo

Es difícil escribir de alguien cuando ya no está, sobre todo si esa persona ha sido un afecto importante en la vida de uno y para mí lo fue la doctora Rosa María Britton.

Cuando fundé la Cámara Panameña del Libro en el año 1997, tenía un inconveniente, había otra Cámara con el mismo nombre que reunía un colectivo de escritores que la presidía Rosa María Britton. Ella al saber de mi iniciativa y explicándole qué hace una organización como esta no dudó en cedernos el nombre y así pudimos registrar la nuestra que es de Editores y Libreros, en el año 1997.

Ella incansable siguió colaborando desde el inicio y por mandato de todo el gremio se le otorgó la primera “Pluma de Oro”, que es un reconocimiento a las letras que sin dudas merecía.

Ya venían las ferias centroamericanas del libro en el proyecto llamado Filcen, las cuales asumió conmigo. En aquella primera en 2001 a realizarse en Panamá, había mucha incertidumbre pero con su optimismo nada era difícil, invitó a muchos de sus amigos escritores internacionales y para esa feria contamos con casi 19 escritores de la talla de Sergio Ramírez Mercado, entre otros.

Yo, asustadísima con el costo de la feria y ella trabajando en el programa cultural junto a Emma Gómez. No teníamos certeza de dónde saldría el dinero, pero todos con el entusiasmo de Rosa seguimos con una hoja de ruta con el inesperado éxito de esta Primera Feria Internacional a la que asistieron más de 40 mil personas.

La escritora y gestora cultural Priscilla Delgado. Expandir Imagen
La escritora y gestora cultural Priscilla Delgado. Archivo

Desde ese momento inició el periplo de ferias internacionales en donde Panamá era país invitado y a todas Rosa nos acompañó, muchas veces pagándose sus gastos y cargando libros al hombro, para tener un lugar digno. Nos dividíamos los turnos para estar en el estand y ella era una obrera más de ese espacio cultural.

Esa era ella, apasionada de las letras, de la cultura, con la esperanza puesta en hacer de este un país lector, pero dividiendo su tiempo entre la medicina que practicaba con devoción. Mucha gente no sabe que ella atendía muchas veces sin cobrar y de igual manera operaba sin costo cuando su paciente no tenía cómo pagarle, pero lo cierto es que una suma importante de pacientes no tenía medios económicos, igual ella los atendía.

Varias veces la invité a las cárceles en donde habíamos constituido bibliotecas para que le hablara a los internos de la importancia de la lectura, pero ella sin ningún guion cambiaba el discurso y les hablaba sin tapujos del cuidado de la salud sexual, muchos de ellos sonriendo y otros bajaban la cabeza como incrédulos de que fuera la propia Rosa Britton que habían visto en televisión la que les dijera las cosas sin pelos en la lengua.

Cuando la invitaban a la televisión siempre se salía del guion y manifestaba su manera de pensar de una manera certera, sin medias tintas y siempre con un lenguaje que llegaba a todos, nunca usó la grandilocuencia para referirse a un tema, ni siquiera en sus libros, tal vez por eso son tan leídos, son historias que develan pasajes contados por una mujer transparente que siempre entendió que el castellano es simple y así se debe hablar y escribir.

En ningún estrado hizo alarde de lo que sabía, de lo que había leído, de los escritores que ella prefería, eso lo guardaba para sí misma. Su gran biblioteca hablaba por ella, al final del día uno es lo que lee.

Le gustaba el bolero, el son cubano, era una gran bailadora, cocinaba como nadie y le gustaba hacerlo para sus afectos, amante de los perros y gatos y de la gente de una sola pieza, no importa a qué clase pertenecieran, la formación de ella venía de cuna y por lo tanto no admitía dobleces.

No era fácil entrar en la vida de Rosa, todo el mundo la conocía pero ella fue muy discreta con su vida privada. Cuando la entrevistaban sí se regocijaba de su hija Gaby Britton, hoy una importante figura en nuestra vida nacional e internacional en el área de neurociencias, y de su hijo Walter, que vive en los Estados Unidos.

Se nos fue un ser humano grandioso, caritativo, generoso, de una sola pieza, una mujer atemporal que nos hacía reír como llorar con sus verdades, nos traía a la tierra con sus palabras y con un argumento sin anestesia.

(La autora es escritora panameña y directora de publicaciones del Instituto Nacional de Cultura)

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