Tara llegó a Panamá

La expedición oceanográfica se enfoca en estudiar la relación entre el cambio climático y los microorganismos marinos.

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El día está soleado y corre una brisa veraniega en Amador. Un pequeño bote inflable de color naranja con dos franceses a bordo recoge a los invitados en el muelle cercano a La Playita. En menos de cinco minutos, ya subían por una estrecha escalerilla hacia la embarcación “Tara” (bautizada así por la hacienda de Lo que el viento se llevó), que zarpó el 5 de septiembre de 2009 del puerto de Lorient, en Francia, con una misión: recorrer durante dos años y medio los océanos del mundo para estudiar la vida microscópica marina.

Para los científicos, es de mucho interés conocer más sobre la biodiversidad planctónica y su relación con el clima, ya que el plancton es vital en la cadena alimenticia marina, y, además, absorbe carbono y produce la mitad del oxígeno que respiramos.

En cada viaje, la expedición es integrada por seis científicos de diferentes instituciones, seis miembros de tripulación, un periodista y un artista, que escribe y dibuja. Ya han realizado unas 133 paradas o estaciones científicas en el mar Mediterráneo, el océano Índico, el Atlántico sur y el Pacífico, para recoger y analizar muestras de agua de diferentes profundidades.

En estos momentos, “Tara” se encuentra en Panamá, donde planean analizar y comparar muestras del lado Pacífico y Atlántico del Canal, para ver si hay un intercambio de microorganismos a través de la vía interoceánica. La colecta en el Pacífico fue el 21 de diciembre y la del Atlántico será a principios de enero, detalla Daniel Cron, jefe de mecánica del barco. “Después debemos mandar las muestras a los diferentes laboratorios del mundo”.

En la nave, cada uno tiene un trabajo, pero también colaboran entre sí. “Yo tengo que ayudar a veces con cosas de navegación y la tripulación ayuda con la ciencia, hay mucha cooperación, expresa en español Sarah Searson, una ingeniera oceanográfica de Nueva Zelanda y miembro de la expedición.

Sogas, redes, cables metálicos y tanques plásticos se pueden observar en la cubierta, mientras las olas mecen la nave. Searson muestra un equipo electrónico llamado CTD (Conductivity, Temperature and Depth) que usan para obtener las muestras.

Hacen falta al menos tres personas para colocarlo en una plataforma y conectarlo a un cable metálico para bajarlo al mar, para obtener datos de parámetros químicos del agua, como la salinidad y temperatura. La estructura es redonda y por dentro tiene 10 botellas donde se recoge el agua y un sistema computarizado, que controla el cierre de cada una, a diferentes profundidades. “Le toma como una hora llegar hasta los mil metros de profundidad y volver a subir. De cada botella obtenemos muestras para analizar los nutrientes”, explica Searson.

“En este viaje pretendemos recrear los viajes de Charles Darwin y caracterizar los océanos del mundo, usando nuevas tecnologías y por primera vez en un estudio tan extenso, estamos incluyendo no solo la morfología sino también la genética de los microorganismos”. VEA 2B

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