Hasta luego, tía Dora

Dora Isabel Mckay De Gracia, fundadora del Teatro Infantil Tía Dora, falleció el pasado domingo tras padecer quebrantos de salud. Su legado cultural permanecerá vivo en los miles de estudiantes que pasaron por su escuela.

LA PRENSA/Archivo LA PRENSA/Archivo
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Los pequeños ojos negros de la precursora del teatro infantil en Panamá, Dora Isabel McKay De Gracia, se cerraron para siempre el pasado domingo tras padecer quebrantos de salud.

Se han cerrado, sí, pero sus pupilas, gozosas en vida, vieron actuar, danzar y crecer a miles de niños panameños; años después hizo lo mismo con las generaciones de estos estudiantes, quienes pisaron su escuela, el Teatro Infantil Tía Dora.

Su legado cultural se mantendrá vivo. De sus 93 años, dedicó 76 a la labor de impartir artes escénicas. El 12 de agosto pasado la escuela cumplió 44 años de funciones, cuyos talleres impartió en los últimos años con el apoyo de su hija Xóchitl McKay de Delgado y su nieta Xóchitl Delgado, quienes comparten su pasión por las artes.

PERSEVERANCIA Y VANIDAD

En 2010 se celebró en la iglesia Don Bosco el cuadragésimo segundo aniversario del Teatro Infantil Tía Dora. En el marco de aquella ocasión, La Prensa tuvo oportunidad de entrevistar a esta panameña justo en medio de un ensayo en su escuela ubicada en Perejil. Durante la conversa dejó claro que su trabajo, más que ser un oficio, era su vocación.

Con su mirada firme y su voz ronca, la tía Dora rompió el hielo en la entrevista de una manera especial. “¿Sabes cuántos años yo tengo?”, le cuestionó a la periodista. “Tengo 91, y no hago más nada que pensar en el teatro y en mis alumnos”, dijo esta señora que logró montar más de 80 obras teatrales infantiles.

A lo largo de la conversa y durante la práctica, la tía Dora –que se graduó de maestra en la Escuela Normal de Institutoras de Panamá a los 15 años, y que tomó una licenciatura en español, así como también una maestría y doctorado en artes dramáticas en la Universidad Nacional Autónoma de México por una beca otorgada por la primera dama de ese entonces, doña Cecilia Pinel–, se mostró tal cual era: una mujer perseverante, exigente y coqueta.

“Cuando un niño tiene talento yo lo noto enseguida; ¡es intuitivo!”, respondió en aquella ocasión, la cual aprovechó para que este medio de comunicación reprodujera su sueño: tener un terreno en una zona de escasos recursos económicos para ahí montar una escuela. “¡Yo consigo quien me dé madera y demás!”. Su deseo no se pudo cumplir.

Para la tía Dora, la vanidad era un asunto importante. ¿Su secreto de belleza? Lucir su cabellera plateada con blower, mantener sus uñas pintadas y llevar zapatos de tacón, siempre a juego con el color de la cartera.

Sus estudiantes tienen muchas anécdotas que contar sobre la tía Dora. Siga leyendo.

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