IGUALDAD DE GÉNERO

El poder femenino de los bomberos

A mediados de la década de 1990, cinco voluntarias empezaron a señalar el camino para que más mujeres que compartían el deseo de ayudar a los demás, se sumaran al servicio del Cuerpo de Bomberos de Panamá.

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Cada una de las compañías del Cuerpo de Bomberos de Panamá cuenta con integrantes femeninas. Cada una de las compañías del Cuerpo de Bomberos de Panamá cuenta con integrantes femeninas.
Cada una de las compañías del Cuerpo de Bomberos de Panamá cuenta con integrantes femeninas. Roberto Cisneros

Cuando Nilza Chavarría llegó como voluntaria al Cuerpo de Bomberos de la República de Panamá, bastaban los dedos de una mano para contar las mujeres que ofrecían sus servicios en el cuartel, hombro a hombro, con el resto de bomberos. El oficio estaba dominado casi al 100% por hombres.

Fue el 11 de octubre de 1994. Nilza, hoy capitana de 53 años, recuerda la fecha de su ingreso como si se tratara de su cumpleaños. Igual que la sargento primera Ana Cisneros, de 45 años: 11 de noviembre de 1994. Ambas pertenecen a la primera generación de bomberas de Panamá, junto a Aimé Arosemena, Rita Betancourt y Argelis de Bravo.

Fueron las primeras cinco mujeres que ingresaron a la Academia de Formación de Bomberos para “pelear” por un puesto en alguna de las compañías (grupos especializados de trabajo) del Cuerpo de Bomberos y fueron las encargadas de abrir el camino para más mujeres con el deseo de desempeñarse en una labor no convencional para el género femenino en la recta final del siglo XX.

Hay compañías de rescate, de primeros auxilios y de incendios forestales, entre otras. Expandir Imagen
Hay compañías de rescate, de primeros auxilios y de incendios forestales, entre otras. LP/Roberto Cisneros

El proceso y el reto

Tras cinco años de voluntariado con los bomberos, Nilza, Ana y el resto de las aspirantes a bomberas pasaron por la correspondiente serie de pruebas físicas y entrenamiento de rescate y primeros auxilios en la Academia, igual que 33 compañeros hombres.

Fue difícil, apuntan, pero lo fue más ganarse el respeto en las diferentes compañías a las que fueron asignadas, formadas por bomberos que tenían 15 y 20 años de experiencia. Más complicado cuando, por su desempeño, ganaban rangos más altos y debían dar órdenes a los varones. “Fue difícil, nos tocó demostrar que lo podíamos hacer”, recuerda Ana, que por entonces tenía 25 años y pesaba 100 libras.

“Hoy hay total aceptación a las mujeres. Somos una familia”, destaca Nilza.

“Abrimos la trocha”, dicen casi al unísono y comparten, orgullosas, que en cada una de las compañías del Cuerpo de Bomberos de la capital hay al menos una mujer.

Vocación

En todo el país hay unas 300 mujeres dentro del Cuerpo de Bomberos. Cada una tendrá una historia que justifique qué la llevó a seguir una labor de tanta exigencia física y mental, pero un denominador común en cada testimonio es la vocación por ayudar, resumen las bomberas.

A Nilza le gustaba practicar labor social a través de la Iglesia y así conoció al Cuerpo de Bomberos, mientras que Ana llegó de la mano de amistades que ya eran bomberos. En el caso de Katia Herrera, bombera panameña de 47 años, su simpatía por esta labor nació con los desfiles de bomberos que veía en Plaza Amador desde que era una niña.

Las mujeres cumplen las mismas funciones que sus compañeros varones. Expandir Imagen
Las mujeres cumplen las mismas funciones que sus compañeros varones. LP/Roberto Cisneros

Recompensa y desazón

Ser bombero es estar siempre dispuesto a socorrer a quien lo necesite. Salvar vidas. No hay mejor pago que sentir la adrenalina recorrer el cuerpo tras haber ayudado a una persona en una situación de peligro, resaltan Ana y Katia.

Y aunque a veces las cosas salgan mal, hay que rehacerse y continuar. Nilza lo tuvo que hacer en su primer incendio, varias décadas atrás. Murieron tres bomberos aquella vez. El recuerdo de los cuerpos calcinados era una invitación para dejarlo todo, pero si tienes fortaleza, usas ese sentimiento para seguir en nombre de quienes creen en ese ideal de ayudar, explica, mientras el ruido de las sirenas llena los espacios de la Estación de Bomberos Ricardo Arango.

Tampoco es fácil ver el rostro de las familias en la calle, mientras su hogar y todo lo que habían construido es consumido por las llamas, comparten Ana y Katia.

Ver en directo las secuelas de tragedias como la del helicóptero SAN-100 en 2008 o la del bus incendiado en La Cresta en 2006 les marcaron y a la vez les recordaron la importancia de la misión que tienen.

Una labor que han compaginado con trabajados de “8:00 a.m. a 5:00 p.m.”, con matrimonios y etapas especiales como la maternidad. Una experiencia, aseguran, de la que no cambiarían ni un ápice.

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