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El retraso de la adultez

El descenso de la edad de maduración, la crianza, la preparación académica y el factor económico inciden en una prolongada dependencia de jóvenes de 30 años.

Incapaces de dejar el hogar paterno, alérgicos al compromiso y dotados de una tranquilidad indefinida son las características con las que se tacha a los nuevos treintañeros, tanto hombres como mujeres.

Para el sociólogo Roberto Pinnock, todo es un asunto de percepción debido a que, por un lado, se puede pensar que los jóvenes no están cumpliendo con los roles establecidos dentro de una sociedad; sin embargo, puede ser que esos cánones no correspondan al mundo contemporáneo.

Otro de sus planteamientos es que la edad cronológica de una persona, no siempre coincide con su maduración psicológica. Pinnock sustenta esto, basándose en investigaciones realizadas en Europa, que indican que hace 50 años la edad de maduración se presentaba entre los 16 y 18 años, pero que en la actualidad esa edad se ubica entre los 25 y 26 años.

“Pareciera que el salto de la adolescencia a la adultez se está prolongando”, asegura.

En este sentido, la socióloga Rubiela Sánchez advierte de que una conducta inmadura no se puede generalizar, y resalta que la madurez difiere en cada individuo.

“No todos los niños comienzan a caminar a la misma edad, así mismo el grado de madurez es diferente en las personas”, dice Sánchez.

La especialista señala que la madurez está vinculada a la personalidad de cada quien, y proviene de factores externos como la crianza en el hogar, la formación recibida en escuelas, iglesias y en el entorno social.

Sin embargo, la psicóloga clínica Meg Jay, autora del libro The Defining Decade y que ha estudiado el comportamiento de los veinteañeros de Estados Unidos, está convencida de que estos jóvenes tiran por la borda sus 10 mejores años para luego llegar arrepentidos a los 30 y cuestionarse: ´¿qué estaba haciendo a mis 20 años?´, ´¿qué estaba pensando?´.

Jay dice que hacer creer a los muchachos que tendrán mucho tiempo más adelante para organizarse, y pensar que los 30 son los nuevos 20, en realidad para ellos será una “negligencia con problemas reales y consecuencias reales sobre la vida amorosa, la carrera, la familia y el futuro”.

Su principal planteamiento es que los jóvenes no deben perder el tiempo, y que aceptar que los 30 son como los nuevos 20, “es robar el sentido de la urgencia y la ambición a las nuevas generaciones”.

Maternidad desplazada

El especialista en reproducción asistida, Carlos Poveda, es testigo de aquellas generaciones de mujeres que dejaron pasar sus años más fértiles por cumplir otras metas, como la formación académica, y ahora recurren a tratamientos para quedar embarazadas.

El galeno asegura que mujeres de 40 y 45 años tienen una apariencia de dos décadas menos; sin embargo, esto no sucede con el funcionamiento de sus órganos reproductivos. “El llamado ´reloj biológico´ o ´el tren en la fecundación´ comienza a pitar a los 35 años”.

Entre los 35 y los 40 años se puede considerar que la fertilidad es regular y para los 40 en adelante es mala. “De los 35 a los 40 pueden haber riesgos como más abortos, malformaciones y morbilidad tanto de la madre como del bebé”, advierte el médico.

Una tendencia que observa es que si las mujeres empiezan a procrear a los 35 años suelen tener el segundo y tercer hijo en períodos muy cortos.

El especialista acepta que los avances en los tratamientos de reproducción asistida han solventado la necesidad de ser madres, pero para aquellas mujeres que no consiguen concebir, “retrasar la maternidad puede terminar muchas veces en un sufrimiento innecesario”.

La psicóloga clínica Mónica Alegre asegura que en el retraso de la maternidad inciden factores socioeconómicos, culturales, religiosos y personales. “Tanto hombres como mujeres esperan encontrarse en una estabilidad psicológica y económica para tener hijos”, plantea.

Bajo el mismo techo

Alegre detecta crucial la edad entre los 18 y los 20, la que considera la etapa de la adultez emergente.

En este período, el individuo debe haber tomado un control de su vida, pues tuvo la adolescencia para buscar su identidad. Alegre aclara que cuando no se ha logrado una visión sólida de quién es, se vuelve individualista, no asume compromisos y le es “difícil incluir las necesidades de otros en su mundo”.

Coloca a los padres como responsables de la dependencia de sus hijos, “cuando la crianza ha sido sobreprotectora, y el niño no logra desarrollar las habilidades necesarias para afrontar las dificultades de la vida y se vuelve una persona dependiente”.

Pinnock resuelve que si un(a) hijo(a) vive con sus padres hasta los 30 años estos deben delegarle ciertas responsabilidades dentro del hogar.

Indica que el clima de incertidumbre laboral comprime la decisión de los jóvenes de contraer matrimonio, ser padres o tener un hogar propio.

La vejez como un cuco

Para la socióloga Sánchez, es necesario romper paradigmas que se han arraigado en la sociedad panameña con respecto a la adultez, pues muchas veces el proceso de envejecer suele causar fobia.

“La adultez no es vista como algo valioso ni como una bonanza y, muchas veces, se tiende a discriminar a los adultos mayores”, indica.

Expone que esto se puede reflejar cuando las mujeres mienten acerca de su edad real, restándose años para hacer creer a los demás que son más jóvenes.

Misión: verse mejor

En el campo de la belleza, la doctora Fanny Rodríguez, especialista en cirugía plástica y reconstructiva, observa que a su consultorio cada vez recurren más damas de 30 años en busca de terapias no invasivas para mejorar la apariencia física, algo que ocurría antes mayormente en mujeres entre 40 y 50 años.

“Las mujeres de 30 años, incluso las de 29, se están interesando por el botox y los rellenos”.

Sustenta que el culto a la belleza y la competencia en ambientes laborales pueden ser los causantes de este fenómeno.

Las treintañeras se preocupan por rejuvenecer sus rostros, evitar la celulitis y las arrugas. “Si asisten a fiestas o reuniones sociales, ellas quieren verse como todas las demás” analiza la cirujana.

Por su parte, el asesor de estilo Roberto Bonner traslada el fenómeno psicológico a las tendencias de la moda. Concuerda en que cada vez las mujeres adaptan su estilo a vestuarios que las hacen lucir con “una imagen de actualidad”.

Una de las razones que atribuye Bonner es que las mujeres de 30 ahora llevan una alimentación más sana que les permite lucir prendas de chicas de 20 años.

Bonner piensa que la moda funciona com una “inyección de juventud”.

Otra realidad que le salta a la vista al también estilista es que “hombres y mujeres se cuidan más a los 30 años, que cuando tenían 21 o 22 años”.

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